El irreconocible Mirador de Tere

Sergio Arribas
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Unos clavos fundidos sobre el suelo calcinado. A los voluntarios, la mayoría de la fábrica Verescence, les costó identificar los restos con aquel banco que tantas veces utilizaron para descansar en sus paseos por el monte.

Foto tomada al día siguiente de declararse el fuego. Son los voluntarios, muchos procedentes de Verescence, que el lunes por la tarde ascendieron al monte para realizar tareas de «remate». - Foto: D.S.

El verde había mutado en negro y el intenso olor a quemado impregnaba todo, había inyectado cada poro de naturaleza superviviente. El paisaje había cambiado, era casi lunar. Estaban en otro planeta. Uno de los voluntarios llamó la atención de sus compañeros. Eran los restos de lo que parecían unos clavos fundidos. Tras la perplejidad inicial, la incógnita se despejó. Eran los elementos de aquel banco, de madera, que el incendio había reducido a cenizas, situado en el llamado ‘Mirador de Tere’. Tal era el tsunami de destrucción del fuego, que el grupo no había reconocido el punto donde se encontraba, pese a conocer la sierra «al dedillo». Era el banco del mirador, donde tantas veces estos vecinos del Real Sitio se habían parado a descansar, a recrearse con una de las panorámicas más espectaculares de su pueblo, con el Palacio Real de La Granja y el pantano del Pontón como iconos indiscutibles. El fuego había borrado del mapa el Mirador de la Tere, situado a 1.540 metros de altitud, y que los senderistas y montañeros identificaban con el banco y un cartel de madera anclado a uno de los pinos. Ni cartel ni banco ni pino. Todo había desaparecido.
Quienes estaban por el paisaje lunar era el grupo de voluntarios, la mayoría trabajadores de la fábrica de vidrio de La Granja, Verescence, que, al día siguiente de declararse el incendio de La Granja, el lunes 5 de agosto, ascendieron al monte, con la compañía y coordinación de un técnico en extinción de incendios, para acometer tareas de «remate», esto es, de perimetraje de la superficie quemada, limpieza, apagado de ‘puntos calientes’ y vigilancia.

Todo surgió en la misma fábrica, entre los trabajadores del turno de mañana, que ‘fichan’ a las seis de la mañana. El lunes de madrugada entraron a trabajar a la fábrica aún con el corazón encogido, con las imágenes del incendio que se había originado en la sierra la tarde anterior. Muchos lo hicieron casi sin descansar, pues ya habían participado, sin interferir a los profesionales, en las primeras tareas para impedir la tragedia. La fábrica era un velatorio. Alicaídos, con una terrible preocupación, apenas hablaban. La sierra se quemaba. Fue en el primer descanso, cuando acabó el silencio y se organizó con espontaneidad la movilización. Los trabajadores solicitaron a la dirección de la fábrica que les prestaran los monos ignífugos que utilizan dentro del recinto. La petición encontró rápida y amplia respuesta. Verescence les proporcionó todo el material, en forma de equipos de protección, como mascarillas y guantes. «La iniciativa surgió entre los compañeros de la fábrica de vidrio, aunque luego se extrapoló a todo el pueblo e incluso a gente de localidades de alrededor», recuerda Juan Gabriel Pérez, trabajador de la fábrica, ingeniero de montes y con formación técnica para la gestión de incendios forestales.

Con toda la equipación, el grupo, integrado con más de medio centenar de voluntarios, se presentó a primera hora de la tarde del lunes en el Puesto de Mando del Incendio. «Les presentamos un plan de trabajo que no iba a interferir en las tareas que los profesionales estaban llevando a cabo. No lo vieron mal, lo aceptaron», recuerda Juan Gabriel. Lo cierto es que bomberos y brigadistas «alucinaron» de cómo iban preparados aquellos voluntarios, vecinos del pueblo. La condición fue que aquellos voluntarios, muchos formados para realizar trabajos en altas temperaturas, tenían que subir al monte acompañados, bajo la coordinación de un experto en incendios. Subieron repartidos en 4 ó 5 cuadrillas. Permanecieron más de cuatro horas, hasta que anocheció. El martes la demanda, la de voluntarios que querían colaborar con el grupo, se multiplicó. «Al principio eramos algo más de 40, ahora ya somos casi 70. En principio no hacen falta más voluntarios, porque cuanta más gente, más coordinadores necesitamos y, ahora mismo, hay una menor carga de trabajo», apuntaba Juan Gabriel, la tarde del martes, cuando la Junta ya había rebajado a nivel 1 la declaración del incendio.

Voluntarios de Verescence en tareas de 'remate', cuando el fuego aún no había sido 'controlado'Voluntarios de Verescence en tareas de 'remate', cuando el fuego aún no había sido 'controlado' - Foto: D.S.

Precauciones. En la cima, rodeados de la superficie calcinada, el trabajo fue a destajo. «Riesgo siempre hay, aunque no pasamos miedo, porque no hemos trabajado en llamas, sino en tareas más de remate. No hay que olvidar que somos voluntarios, que hemos querido aportar nuestro granito de arena, pero quienes sofocan el incendio son los profesionales». No obstante, el grupo ha tomado todas las precauciones posibles y ha cumplido a rajatabla las directrices de los profesionales. «Nos dijeron que no nos hiciéramos los héroes y que teníamos que subir y bajar todos juntos, como así hicimos. Y si alguno no se veía capaz de subir y trabajar, que mejor que no ascendiera», explica otro de los voluntarios, que prefiere no desvelar su identidad.
La desolación ante aquel paisaje irreconocible les será difícil de olvidar. «Cada vez que paraba para descansar unos segundos —añade— miraba a mi alrededor y me costaba aguantar las lágrimas. Lo que yo sentía, lo sentíamos todos».

Mucho más que un incendio

«Si se quema el Pinar de Valsaín, sería como la tragedia de Notre Dame», sostiene el delegado de la Junta, Javier López-Escobar, que justifica que se declarase el Nivel 2, por el valor patrimonial de la superficie forestal que estaba en riesgo. Cuenta el máximo responsable de la Junta en Segovia, Javier López-Escobar, que algunos de los miembros de la Unidad Militar de Emergencias (UME) no acertaban a comprender en toda su dimensión la necesidad de movilización del ejército para un incendio que no alcanzaba las dimensiones, en cuanto a superficie, de otros para los que eran requeridos. «Ciertamente, este incendio, por extensión, podía no ser de Nivel 2, hablamos de una superficie afectada de 400 hectáreas, no todo quemado, pero es que la gravedad y peligro estaba en el paraje, absolutamente excepcional, en el que estábamos», comenta. El mismo domingo la Junta elevó la declaración a nivel 2 y solicitó la presencia de la UME. «La Sierra de Guadarrama  —dice el delegado— supone uno de los grandes ejemplos de sostenibilidad en Europa (...) está muy enraizado en la vida y sentimiento de la gente, eso es el relieve de lo que tenemos que proteger y encaja en el nivel 2». Según López-Escobar, los pinares de Valsaín son «la joya de la corona», amenazados por uno de los frentes del fuego. «Si se queman los pinares, es como perder Notre Dame. Mientras el Pinar tuviera el menor riesgo no podíamos bajar el nivel de alerta».

Cartel que, antes del incendio, localizaba el mirador.Cartel que, antes del incendio, localizaba el mirador. - Foto: D.S.

Más fotos:

Voluntarios, el lunes por la tarde, al día siguiente de declarse el fuego.
Voluntarios, el lunes por la tarde, al día siguiente de declarse el fuego. - Foto: D.S.
Lugar asolado por el incendio, en la cumbre de la montaña.
Lugar asolado por el incendio, en la cumbre de la montaña. - Foto: D.S.