Es absoluta e incontestablemente cierto que nadie está preparado para gestionar determinadas crisis… pero habrá más opciones de que dicha gestión sea acertada si quien está a los mandos es un tipo preparado y no un sociópata, ¿verdad?

Es que estos días de mucho escuchar y demasiado leer me topo con que la idea para terminar la Liga que más cuerpo está tomando es ésa de jugar cada 48 horas y, probablemente, a puerta cerrada. Y ésa, créanme, es más la idea de un sociópata que la de un buen gestor.

- ¡Terminemos esto como sea!

- Es que hay riesgo…

- ¡Como sea!

- Pero…

- ¡Co! ¡Mo! ¡Se! ¡A!

En una idea romántica que tal vez se nos haya vendido con demasiado entusiasmo, el fútbol lo hacen los futbolistas pero pertenece al pueblo, ¿verdad? Pues dicha medida precisamente jugaría en contra de ambos protagonistas: el pueblo podría perdérselo porque a saber cuándo se vuelven a permitir las aglomeraciones y el «menos-de-un-metro» de distancia; y los futbolistas entrarían en un grave riesgo de lesión (sobrecarga para empezar) si para terminar «como sea» entran en un infernal ritmo de encuentros como jamás han vivido en su carrera.

Ahora bien, entiendo que el nuevo fútbol se cisca en ese doble riesgo para artistas y aficionados, porque hay otra idea no tan romántica: hace tiempo que es más negocio que deporte, y el capitalismo más feroz tiene sus propias normas. Termine la Liga o no, tengamos claro que no lo decidiremos nosotros. Ni la lógica.