FIRMA SINDICADA

Rafael Torres

Periodista y escritor


El Wuhan en Málaga

29/01/2020

Uno de cada cinco habitantes del planeta es chino, pero en estos días todos somos un poco chinos: el coronavirus no entiende de nacionalidades, ni discrimina por razón de ellas a sus víctimas. Sin embargo, lo que hace que los chinos oriundos de China sean más chinos que nosotros en plena vorágine epidemial es que están en todas partes y se mueven y viajan constantemente de un lado a otro, y más en las fiestas de su Año Nuevo, cuando la diáspora china tiende a moverse y a viajar más si cabe para reunirse con los familiares. Poner puertas al campo es, en relación a las medidas sanitarias efectivas que deberían imponerse para bloquear la expansión del morbo, infinitamente más sencillo.

En tanto se busca entre la fauna salvaje la especie que podría haber transmitido a los seres humanos la enfermedad, y las compañías aéreas cancelan sus vuelos a y desde China, y los gobiernos extranjeros repatrian de urgencia a sus nacionales (el español espera que el francés haga un hueco en sus aviones a los suyos), y el miedo al contagio va debilitando la serenidad que el trance requiere, y las bolsas del mundo entero se desploman porque en las calles de la capital del país que lo fabrica todo, Pekín, no se ve ni un alma, en tanto todo eso y más ocurre, he aquí que el equipo de fútbol de la ciudad epicentro del brote, el Wuhan Zall, aterriza en Málaga para pasar un par de semanas en Sotogrande.

El fantasma de la mal llamada Gripe Española, que hace un siglo diezmó a la humanidad, deambula errático incluso entre quienes, la mayoría, no han oído hablar en su vida de aquél devastador epílogo vírico de la I Guerra Mundial, pero otros fantasmas más actuales, el de la desinformación, el de las prácticas oscuras en oscuros laboratorios, el de las teorías conspiratorias, alimentan ese pavor generalizado que en el sur más sur de España, la Costa del Sol, se ha machihembrado con la perplejidad al conocer la visita, ciertamente inopinada, del Wuhan Zall.

Seguramente los jugadores, técnicos y directivos del Wuhan gozan, sobre todo los primeros, de una envidiable salud, pero se entiende que, dadas las circunstancias, alguien interprete su presencia en términos de fuga, de estampida. Sean bienvenidas, en todo caso, esas criaturas, pero no les quitemos el ojo (clínico) de encima.