TRIBUNA LIBRE

Fernando Jáuregui

Escritor y periodista. Analista político


¿Por qué no hacemos ministro a Philip Alston?

Pedro Sánchez ha reunido a sus ministros en Quintos de Mora, para pasar revista, supongo, a lo hecho en estos apenas dos meses de gobernación, que ha sido mucho, para lo bueno y para lo malo. Y también, sospecho, para hablar del futuro, de los retos pendientes, de las promesas por cumplir. Este lunes se cumplen esos dos meses, y hay temas muy serios sobre la mesa: quizá les haya contado Sánchez a sus ministros el verdadero contenido de la reunión con Torra, qué va a pasar con esa mesa de negociación con la Generalitat; acaso se haya ofrecido la (pen)última versión sobre lo de Abalos y la vicepresidenta venezolana; el conflicto de los agricultores; la rebelión autonómica a cuenta de la no devolución del IVA; y hasta qué hacer con Trump y sus aranceles. Dudo que hayan tenido tiempo, en esta cumbre sin versión para los periodistas, de hablar de un tal Philip Alston. El hombre que ha dado un mazazo a nuestras conciencias.

Alston, el relator de las Naciones Unidas para casos de extrema pobreza y derechos humanos, ha pasado 10 días en España, recorriendo las tierras más desfavorecidas. Culminó su viaje con una rueda de prensa estremecedora, al menos a mi entender, retratando desigualdades, angustias y penalidades. "Hay barrios en España peores que algunos campos de refugiados", nos ha dejado dicho. En los campos de fresas de Lepe hay gentes que vive como animales. Etcétera. Y ha culpado a los políticos, que "han fallado a los más débiles". Sí, a esos políticos que llevan décadas turnándose en el poder y desoyendo, o minusvalorando, informes como los de Cáritas, y no solo.

Que en nuestro país hay millones de personas que viven en el umbral de la exclusión es algo incuestionable, y nunca, sin embargo, figura en la lista de preocupaciones prioritarias de Gobierno alguno, ni en los programas electorales de los partidos, si no es con frases como de pasada, para quedar bien. Temo que los medios de comunicación hayamos, en algún momento, sido algo cómplices de este mirar hacia otro lado, porque siempre hay cosas más urgentes que hacer, críticas más apremiantes que verter sobre los gobernantes o los opositores de turno. Y ya alguna vez algunos, bastantes, hemos dicho que lo más urgente, si acaso, es un pacto nacional contra la exclusión, contra esa pobreza descarada o semi oculta en la que viven muchas, pero muchas, gentes que habitan este mismo país que presume de próspero, de ir bien, de crecer más que los vecinos europeos y todo eso. Y que, sin embargo, es líder europeo en desigualdades: en unas regiones la esperanza de vida es varios años menor que en otras, por poner acaso un solo ejemplo.

Si hubiese rueda de prensa tras de lo Quintos de Mora me gustaría preguntar por qué no piensa el señor presidente en hacer ministro a Philip Alston. Claro que nada de rueda de prensa. Y, si la hubiese, seguramente te dirían, mirándote con lástima, que no se podría ensanchar aún más la mesa del Consejo de Ministros para albergar a un australiano, como es lógico. Menuda idea descabellada hacer ministro al tal Alston, te lanzarían, severos. Entonces, acaso lo que también sería lógico es que, tras el varapalo Alston, dirigido a todos nosotros y no solo a 'los políticos', alguno de los vicepresidentes o ministros sin gran cosa que hacer realizase un recorrido similar --total, diez días-- al que Alston ha hecho en nuestro país, hablando con las mismas gentes y escuchando los mismos sollozos. Y después, otra reunión en Quintos de Mora, o donde sea, para abordar soluciones no a largo y medio plazo, sino urgentes. Urgentes, sí. Que ya es hora.