UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Ver y contarlo

Sostenía el periodista, historiador y escritor Ryszard Kapuciski que «la mejor forma de conocer el mundo es hacer amistad con el mundo» y que existe una conexión entre nuestro destino personal y la presencia de miles de personas y cosas de cuya existencia no sabíamos o no sabemos nada y que pueden influir, de hecho influyen, del modo más asombroso, en nuestra vida y su desarrollo. Por ello, al menos por nuestro propio interés, deberíamos esforzarnos en conocer, no solo lo que está aquí, sino también lo que está allá, en algún lugar a gran distancia en nuestro planeta, argumentaba el también ensayista y poeta. Años atrás ya se había anticipado Heródoto, que concibió la Historia como una investigación personal, y marcó la máxima de ir a los sitios y contarlo, vigente en la profesión de periodista 2.500 años después, aunque se trata de una tendencia cada vez menos desarrollada, como denuncia en su nuevo libro el reportero Ramón Lobo, 'El día que murió Kapuciski', cuando advierte que «si no tenemos ojos en los sitios, que además sean experimentados y con un paraguas ético, veremos lo que quieran que veamos. Y nunca la verdad».

La razón de ser de contar lo que pasa, precisamente, es comprobar cómo hay comportamientos humanos, incluidas guerras, que tienen una extraordinaria repercusión a nuestro alrededor, ese mismo en torno al cual muchos se empeñan en levantar muros. La cuestión, triste, es que cada vez quedan menos periodistas que acudan a los puntos calientes, para conocer el por qué, una de las fundamentales seis w básicas en la presentación de una información. Lobo, que relata las vivencias de un reportero de guerra con aires a Hemingway, lo define claramente: «Hemos perdido, sobre todo en España, la visión que tenía el fundador del programa Sixty Minutes, que siempre preguntaba: ¿Dónde está la Historia?».

El corresponsal o el enviado especial es una especie en extinción, aunque, por suerte, quedan aún un grupo de mujeres y hombres que, como freelance, se juegan incluso la vida para poder contar aquello que ocurre desde la fuente de la noticia. Todos los años, en un premio que lleva el nombre de Cirilo Rodríguez, el periodista español que narró la llegada del hombre a la luna, cuya voz es inconfundible para varias generaciones, se rinde homenaje a quien siente la pasión por estar en el lugar preciso, aunque sea bajo el fuego. En esta ocasión, ya se ha elegido a tres finalistas: Ana Alba, de El Periódico de Catalunya, que tiene ahora su base en Jerusalén después de Serbia, Kosovo, Irán e Irak; Natalia Sancha, que cubre para El País Siria y Líbano, con residencia en Beirut, aunque con constantes salidas por la zona, entre cruentos conflictos; y Javier Martín, delegado de la Agencia Efe en Argelia, Libia y Túnez, que recibió la noticia de su designación cubriendo el estallido de la guerra en Trípoli. De entre los tres saldrá elegido el ganador, aunque ya todos deberían tener el reconocimiento de los ciudadanos, quienes reclaman información de actualidad y con buenas fuentes, comprobadas.