COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Una campaña decisiva y atípica

Todas la campañas electorales son decisivas en la medida en que tratan de convencer al porcentaje de indecisos que pueden determinar quien es el vencedor de las elecciones y más si como en esta ocasión la concurrencia de cinco partidos de ámbito nacional, con la irrupción de VOX, motiva que las dudas sobre el voto a los partidos del centro derecha sea más acusada. A pesar del peso de los indecisos y de los sobresaltos que se pueden producir en campaña, si los líderes de los partidos no cometen errores estrepitosos las urnas suelen confirmarse la pulsión de cambio o de continuidad con la que los ciudadanos afrontan los comicios. Y en esta ocasión las encuestas parecen indicar que se apuesta por la segunda, dado que el PSOE ganaría las elecciones pero se mantiene la incógnita sobre si las tres derechas podrán alcanzar el pacto ala andaluza.

 

Pero se trata también de una campaña electoral atípica dado que en la derecha e izquierda existen competidores que son potenciales socios con los que es preciso marcar distancias pero al mismo tiempo es preciso cuidar para que su hundimiento no frustre la posibilidad de acuerdo. El eje de la campaña de las tres derechas es 'todos contra Sánchez' definido como felón a la patria y amigo de independentistas y filoterroristas, mientras que la del PSOE es tratar de poner tierra por medio con los independentistas y mantener la ambigüedad sobre posibles pactos poselectorales y esperar al recuento de los votos.

 

Como en otras ocasiones los programas electorales desempeñan un papel secundario. Tanto que Ciudadanos no ha terminado de presentar el suyo, las quinientas propuestas del PP quedaron oscurecidas cuando Pablo Casado dijo que Sánchez prefería a quienes tenían las manos manchadas de sangre que pintadas de blanco, y en definitiva más que las propuestas concretas -preciso es recordar que las promesas electorales están para incumplirlas que dijo “el viejo profesor” Tierno con un punto de cinismo- el PSOE insistirá en sus promesas sociales y ocultará sus incumplimientos, mientras que Podemos se erige en furibundo defensor de la Constitución. Vox a lo suyo, a la defensa de unas esencias ancestrales y a sumar para que la derecha pueda alcanzar la mayoría absoluta. En definitiva, los parámetros conocidos desde que se convocaron.

 

Dos novedades más dentro del capítulo de atipicidades, la decisión del Tribunal Supremo de que los candidatos independentistas que están siendo juzgados por el 'procés' seguirán encarcelados y no podrán participar en actos de campaña ni en hipotéticos debates, y la decisión del presidente del Gobierno de no participar en un debate cara a cara con el actual líder de la oposición, Pablo Casado. Esta es sin duda una anomalía del proceso electoral español -lo mismo que las peculiaridades de impedir la publicación de encuestas en la última semana de campaña y la jornada de reflexión-, que deja al albur de las conveniencias del jefe del Ejecutivo y a su equipo de campaña someterse o no a esa confrontación, hurtando a los ciudadanos un derecho que tendría que estar regulado por ley. Al menos habrá un debate a cinco, con Vox, pese a que no tiene representación parlamentaria pero que la tendrá según las previsiones, pero en este caso también porque le interesa a Pedro Sánchez mostrar la alianza de las tres derechas.