CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Ataque de españolidad

Pedro Sánchez se encuentra bajo los efectos de un ataque de españolidad. Pena que no lo sufriera antes, cuando era tan indefinible su posición respecto a algunas cuestiones relacionadas con el independentismo –aquel famoso papel que le deslizó Torra en el bolsillo, su negativa a prometer que no habría indultos…-, las peligrosas medidas que promovió para contentar a Podemos, o la siempre mencionada operación navarra que sin ser un pacto de gobierno sí colocó en el mapa democrático a Bildu, que además fue premiado con algún cargo que chirría ver en manos de los amigos de ETA.

Hoy sin embargo el presidente en funciones se ha envuelto en la bandera española, pronuncia el nombre España con entusiasmo –lo ha convertido en lema electoral- y apostata de todos aquellos que colocan a España en segundo plano. Estamos ante un nuevo Pedro Sánchez que gana puntos respecto al anterior, y lo único deseable es que se trate de una opción sincera, producto de una reflexión personal más que política, que no haya sobrevenido por la necesidad de conseguir más en noviembre. Los sondeos no le son especialmente buenos, aunque sigue en cabeza como candidato del partido ganador, pero sabe por experiencia que solo con ganar no se mantiene en la presidencia, sino que tiene que conseguir más escaños y además que los posibles partidos afines incrementen su presencia parlamentaria.

El Pedro Sánchez actual deja atrás las irritantes medias tintas y admite abiertamente que contempla la posibilidad de aplicar el 155 si los independentistas atraviesan la línea roja que hasta el momento han tenido la prudencia de no atravesar. Ya apoyó el 155 con anterioridad, pero fue a iniciativa de Rajoy, mientras que ahora sería él, como presidente, el que la propondría. Y además no le duelen prendas en aceptar también la posibilidad de imponer la Ley de Seguridad Nacional por la que clama Pablo Casado desde hace días, que supondría una debilitación considerable de la fuerza de los independentistas para mantener el poder en la calle. Se trata de una ley que, sin intervenir la Generalitat, le ata las manos a la hora de promover bloqueos, manifestaciones y disturbios con los que reaccionar a la sentencia del Tribunal Supremo, ocasión que tanto Puigdemont como su acólito Quim Torra quieren aprovechar para impulsar el hoy alicaído independentismo.

Es buena señal la españolidad del presidente en funciones, pero sería mejor si fuera acompañada de realismo y dejara atrás la demagogia. Un dirigente político es creíble, y se fortalece, cuando defiende su país. Pero sobre todo cuando va con la verdad por delante y deja de lado las promesas de imposible cumplimiento que solo se anuncian para captar votantes. El Banco de España acaba de advertir que las pensiones son inviables si se incrementan en función del IPC. Llega además esa advertencia cuando el nivel de paro se asemeja al del 2013. Que tome buena nota el Pedro Sánchez convertido, al fin, en patriota.