La legislatura más frenética y enloquecida

Javier M. Faya (SPC)
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El próximo martes se disuelven las Cortes y acaba un tempestuoso período de casi tres años en el que España ha tenido un Gobierno conservador y otro socialista que deja un futuro incierto

La legislatura más frenética y enloquecida - Foto: Diego Crespo

Quién le iba a decir a Mariano Rajoy, 28 meses después de ser investido presidente, que el pasado miércoles estaría declarando como testigo en el juicio del procés siendo un registrador de la propiedad? ¿Quién le iba a decir a Pedro Sánchez que un año y medio después de ser expulsado casi a patadas de la Secretaría General del PSOE se iba a mudar a La Moncloa? ¿Quién le iba a decir al exlíder del PP que el caso Gürtel se lo iba a llevar por delante días después de haber aprobado los Presupuestos, los mismos que han hecho -en teoría- que el líder del PSOE haya convocado elecciones? Estas preguntas pueden explicar lo que ha sido la Legislatura, la XII, que expira el próximo martes: una auténtica locura. 
Las vidas del gallego y el madrileño se han ido cruzando de forma caprichosa desde que el 19 de julio de 2016, tras la celebración de las elecciones generales del 26 de junio, se constituyeron las Cortes. Salió ganador el PP con 134 escaños -logró 119 en la cita anterior-, que contaba con dos de UPN y uno de Foro, insuficientes para gobernar.
Mientras, Sánchez, eufórico en la noche electoral porque Unidos Podemos no pudo darle el sorpasso como vaticinaban las encuestas, celebró sus 84 asientos -cinco menos que en 2015- y siguió instalado en el no es no que abocó a España a una parálisis institucional. Por eso, Rajoy perdió la sesión de investidura del 2 de septiembre. Estaba cantado. En ese momento tocaba tregua con los comicios vascos y gallegos, que se celebraron 24 días después.
La única forma de desatascar la situación era que Ferraz cediera, pero mientras el madrileño estuviera al mando... Y precisamente eso fue lo que tuvo que pasar, que cayera. El principio del fin fueron las elecciones legislativas, a las que les siguieron las dos regionales. Los pésimos resultados cosechados y cierto sentido de Estado hicieron que los barones se rebelaran y el mismísimo Felipe González acusara a Sánchez de haberle engañado al prometerle que dejaría gobernar a Rajoy. 
El 1 de octubre presenta su dimisión y, entre lágrimas, deja su acta de diputado el 29. Era la segunda votación de la investidura de su enemigo y el Ferraz dirigido por el presidente asturiano, Javier Fernández, ordenó a sus congresistas abstenerse para dar luz verde a un Ejecutivo popular. Así, uno alcanzó la gloria del poder y el otro el infierno de abandonar la política, aunque aseguró que volvería... Y lo hizo tras ganar las primarias de mayo de 2017. 
Mientras, la Generalitat de Puigdemont preparaba una hoja de ruta hacia la independencia. De nada sirvieron las invitaciones al diálogo de Rajoy... dentro de la Constitución. Durante meses, el gerundense insistía una y otra vez en el referéndum, cuya fecha puso el 9 de junio de 2017: el 1 de octubre. Hasta aprobó una ley de transitoriedad que iban a derivar en las de desconexión... Es muy posible que los secesionistas no pudieran imaginarse hasta dónde sería capaz de responder el Estado, llevando a la cárcel a 10 de sus líderes y a la fuga a siete. 
Tras no pocos intentos de reconducir la situación, la consulta se celebra con la pasividad de los Mossos y dan la vuelta al mundo imágenes de varias cargas policiales en distintos puntos de Cataluña. Los acontecimientos se precipitan y acaban el 10 de octubre con la Declaración Unilateral de Independencia (DUI), que sigue, 24 horas después, a la histórica aplicación del artículo 155 de la Constitución, que fulmina al Govern, cuyo president huyó.   
El 21 de diciembre se convocan elecciones en la región, en las que vence Ciudadanos, pero de forma estéril, ya que los secesionistas se hacen con la Generalitat, controlada desde Waterloo por Puigdemont. Tras varios intentos, coloca a Quim Torra y la intervención del Govern acaba el 2 de junio... el mismo día que Sánchez se hace con el poder. 
Aún cuesta creer lo que pasó. Y es que el 23 de mayo, Rajoy se gana la tranquilidad con la aprobación de los Presupuestos con el apoyo del PNV, pero todo se complica 48 horas después, con la sentencia del caso Gürtel, que condena al PP como partícipe a título lucrativo. Una moción de censura secundada por los jeltzales -el gallego no contaba con esa traición-, Podemos, los independentistas, NC y EH Bildu le jubila.     
Enseguida, el madrileño comienza a ceder ante los secesionistas, provocando un efecto colateral en la histórica derrota en los comicios andaluces. A pesar de los esfuerzos de contentar a Torra, este no le apoya en los Presupuestos y decide convocar elecciones. Sánchez pasa a la Historia con el Gobierno más breve: nueve meses. Como epílogo queda esta declaración de Rajoy en el Supremo: «Yo no les hice concesiones».