CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


La melancolía del Rey

No tuvo D. Felipe la garra, el rigor, el nervio e incluso la rabia del discurso que hasta ahora ha sido símbolo de su reinado, el que pronunció el 3 de octubre de 2017 tras el desafío independista de Cataluña. Este miércoles los españoles vieron a un Rey que intentaba sacar fuerzas de sí mismo para aparentar un ánimo que no sentía. Quiso transmitir esperanza pero se le notaba preocupado, melancólico, triste.

Hizo una lectura optimista de la situación como era su obligación, alegando que los españoles pueden con todo, incluso con ante un adversario invisible que nadie está seguro de que el gobierno sepa controlar. Un porcentaje alto de españoles se sienten angustiados por el temor al contagio, por la incertidumbre y sobre todo el encierro, que nunca es bueno, sobre todo si se pasa en soledad. Y de todo ello es consciente D. Felipe. Probablemente es la razón de que tampoco se esforzara en mostrar un estado de ánimo que no sentía. El Rey pronunció frases contundentes, emotivas, “Este virus no nos vencerá”, “España es un gran país que no se rinde ante las dificultades”, pero le faltó brío en el tono.

Se comprende, porque no hay más que analizar su vida como rey para advertir que no ha sido un camino de rosas sino un calvario de sucesivas estaciones desde el mismo día que accedió a la Jefatura del Estado: el caso Urdangarín, que le obligó a marcar distancias con la Infanta Cristina, además de hermana probablemente su mejor amiga; el empecinamiento de la Infanta le llevó a tomar la decisión de despojar de su título a ella y a su marido; las constantes informaciones sobre la relación del Rey Juan Carlos con Corina Larsen, que tuvo que dolerle en el alma porque es conocida la admiración mutua que sienten padre e hijo, que han tenido conversaciones difíciles en estos años. Por último, la decisión de retirar a D. Juan Carlos de sus responsabilidades oficiales y, finalmente, de renunciar a la herencia que pudiera corresponderle y suspender su asignación. Todo esto en una etapa política convulsa, con dos años de gobierno en funciones, el enconamiento del independentismo catalán, la ola anti republicana que llegó al mismo gobierno con Podemos en el Consejo de Ministros … y el corona virus.

Hay quien cree que D. Felipe tendría que haber mencionado el caso de su padre. No era el momento. Lo que tenía que decir estaba en el comunicado de cuatro páginas de hace unos días, un comunicado sin precedentes. El objetivo del miércoles era lanzar un mensaje de ánimo, de fortaleza. Lo intentó con un discurso bien construido, aunque el tono demostraba que para el Rey también, la procesión va por dentro.

Sufre como el resto de los españoles. Vive en una situación de privilegio ante el corvid-19, muy blindado, pero su mochila institucional, familiar, emocional, es extremadamente pesada.