Entre los celos y el poder

Leticia Ortíz (SPC)
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La reciente Historia negra de España atesora numerosos crímenes en los que sus autores intelectuales contrataron o convencieron a otros para que matasen por ellos a quien les estorbaba

Entre los celos y el poder - Foto: GEORGE FREY

Cegado por el supuesto amor que María Jesús Moreno, Maje, sentía por él, Salva Rodrigo, convencido por su amante, cosió a puñaladas al marido de la mujer en el garaje del barrio valenciano de Patraix en agosto de 2017, según él mismo confesó ante el juez. Desde los habituales ajustes de cuentas entre bandas hasta los particulares que deciden buscar a alguien, por persuasión o por dinero, para matar a quien creen que les estorba o les puede estorbar, en la historia reciente de España son varios los crímenes que se han cometido por encargo. Poder, negocios o celos están detrás de estos homicidios tan irracionales como imperfectos. Las Fuerzas de Seguridad, tirando del hilo, terminan descubriendo quiénes son los inductores y los ejecutores, como ha ocurrido en la muerte del concejal de Llanes (Asturias) Javier Ardines, donde un triángulo amoroso en una familia acabó en muerte.
«Soy un golfo, ¿qué quiere que le diga?». Así se expresaba en el juicio Isauro López, un empresario gallego que acabó condenado a 28 años de cárcel en 2015 por encargar el asesinato de una de sus amantes (estaba casado y mantenía, al menos, otras dos relaciones) y un amigo de ella. Para ello, se valió de un amigo, que actuó como mediador, para contactar con un sicario que, en principio, tenía que matar a la mujer y a su hermana menor. Un accidente de tráfico salvó a esta última, pero condenó a otro hombre que acudió a socorrer a sus amigas tras el impacto.
Cada año, unos 50 homicidios en España se atribuyen a la acción de los llamados sicarios que, en la mayoría de los casos, vienen desde Sudamérica para realizar su trabajo y, al concluir, regresan a sus países de origen. Cobran entre 15.000 y 30.000 euros, aunque el precio puede subirse hasta los 70.000 dependiendo del encargo. 
El trasfondo más habitual de este tipo de crímenes tiene que ver con la droga. El 8 de enero de 2009, dos hombres entraron en la habitación 543 del Hospital 12 de Octubre de Madrid. Le preguntaron educadamente a uno de los pacientes allí ingresado si era Leónidas Vargas. El enfermo contestó que él no era y señaló a su compañero de cuarto, que estaba dormido en la cama de al lado. Cuatro tiros acabaron con uno de los narcos más buscados del mundo. Fue un trabajo realizado por profesionales de la muerte.
A plena luz del día y en una céntrica calle de la Ciudad Condal fue asesinado en febrero de 2009 Félix Martínez Touriño, director del Centro de Convenciones Internacional de Barcelona. Uno de sus empleados encargó el crimen a un sicario después de enterarse que su jefe iba a despedirle por haber cometido presuntas irregularidades en su gestión.
El miedo a perder la custodia de la hija que habían tenido en común fue el motivo que llevó a la abogada María Dolores Martín Pozo a encargar el asesinato de exmarido en Ciempozuelos (Madrid) en 2011.
Los cuerpos de la jugadora de voleibol holandesa Ingrid Visser y de su pareja, Lodewijk Severein, fueron encontrados en mayo de 2013 de noche, enterrados en una apartada zona de la localidad murciana de Alquerías, en un terreno privado. Los cadáveres estaban desmembrados y dentro de bolsas de basura. Meses después, fue detenido el gerente del CAV Murcia 2005, el equipo en el que jugó la fallecida y al que le reclamaba una deuda de 60.000 euros, por haber contratado a un asesino a sueldo.
Aunque lo más habitual en aquellos que no quieren mancharse las manos de sangre con un asesinato sea el pagar a un tercero para que ejecute a la víctima, en algún caso la capacidad de persuasión del autor intelectual del crimen ha sido más que suficiente. En 2018, Alicante se ve sobresaltada por un trágico suceso: Francisco, un hombre de 58 años, acuchilló hasta la muerte a José Luis, de 69, el marido de Concepción, su amante. La mujer convenció al autor del homicidio de que tenía que librarse de su esposo que, además, tenía un dinero que ella iba a heredar.
También quiso quitarse de en medio a su marido, Maje, la enfermera valenciana con cuya historia arrancan estas líneas. Fue capaz de persuadir a uno de sus amantes para que se olvidase de su propia familia, tenía esposa y una hija, y cometiera el crimen. Su promesa: poder disfrutar de su amor sin el estorbo que suponía la víctima.