La izquierda busca recuperar su sitio

M.R.Y. (SPC))
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El Partido Democrático elige a su líder tras el varapalo en las elecciones de hace un año y su deriva después de la marcha de Renzi

La izquierda busca recuperar su sitio - Foto: STEFANO RELLANDINI

Cuando Italia votó hace casi un año, el 4 de marzo de 2018, los resultados mostraron dos claras lecturas. En primer lugar, el triunfo incontestable de los populistas y eurófobos en las urnas -el Movimiento 5 Estrellas (M5S) y la Liga fueron los partidos más respaldados-. En segundo, la debacle absoluta del hasta entonces gobernante Partido Democrático (PD). En conjunto, ambos están claramente relacionados. El descontento de los ciudadanos con las políticas de las conocidas como formaciones tradicionales se reflejó en los comicios y el PD fue el más perjudicado. El otro, Forza Italia, supo mantener el envite al concurrir en una triple alianza de derechas, junto a la Liga y a Fratelli D’Italia.
El centroizquierda -que había intentado virar hacia el progresismo en los últimos años- quedó maltrecho. A pesar de firmar un 18 por ciento y ser la segunda fuerza más votada a nivel individual -solo por detrás del M5S-, sus aspiraciones eran mucho mayores. No en vano, desde 2013 el Gobierno de Roma estaba encabezado por un miembro del PD y el ex primer ministro Matteo Renzi, cabeza de lista en 2018, aspiraba a recuperar la confianza perdida en 2016.
Fue precisamente en diciembre de ese año cuando comenzó la hecatombe del Partido Democrático. El fallido referéndum constitucional que Renzi planteó acabó por llevarle a dimitir. Y, aunque trató de encauzar las turbulentas aguas de la formación tras ganar las primarias para los comicios del pasado año, nada ha vuelto a su sitio.
Es más, ni siquiera se augura un futuro alentador en las primarias que se celebran este fin de semana para elegir al líder del bloque progresista. La sombra del expremier es alargada y la amenaza de que fuera a fundar un nuevo partido de cara a las europeas de mayo era tal que el favorito para ganar la cita, el exministro del Interior Marco Minniti, dio la espantada antes de verse hundido.
Sin embargo, Renzi ha dejado claro que no creará formación alguna. Al menos de palabra. «Pensé dos veces en fundar un partido», reconoció hace unos días. «Pero los partidos personalistas no sirven para nada», agregó, descartando así que se vaya a postular a la cita comunitaria.
Así, el PD sigue descabezado. Todo apunta a que ganará el presidente de la región de Lazio, Nicola Zingaretti, el candidato más votado en la primera vuelta eliminatoria. Un político serio y sólido, con una gestión acreditada al frente de una de las zonas territoriales más complicadas del país. Pero sin el carisma suficiente como para devolver la ilusión a un electorado desencantado y repartido.
Frente a él, Maurizio Martina, quien sucedió de manera interina a Renzi cuando éste dimitió tras las elecciones de 2018. Un político con recorrido, pero también falto de brillo y atractivo.
Y eso es, precisamente, lo que necesita el partido de izquierdas tradicional en Italia. Después de haber tenido al frente a hombres como Pier Luigi Bersani, Romano Prodi o  Massimo D’Alema, ahora es más vital que nunca encontrar un timonel que pueda hacer sombra -o, al menos intentarlo- a los populistas Luigi Di Maio (M5S) y, sobre todo, a Matteo Salvini (la Liga), los dos políticos mejor valorados ahora mismo en el país y que, encima, están al frente del Ejecutivo -el premier, Giuseppe Conte, es considerado un títere en manos de sus dos vicepresidentes-.
Por ello, en el PD confían en dar un vuelco a todos los pronósticos y conseguir sacar provecho de estas primarias. Como mínimo, el de conseguir un hombre que les guíe hacia la senda de la recuperación. O la «refundación», como espera Zingaretti. Un lavado de cara que lleve al partido hacia la izquierda y pueda hacer frente a los extremismos de la actual derecha sin caer en el populismo del M5S. Es decir, como mínimo, volver a lo que fue.