TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Brahim, Balón de Oro

"Así nos va", lamentaba el madridista más puro que conozco, echándole un vistazo a las reflexiones y portadas del día siguiente después de un patético 0-0 en Getafe. Mantiene como suya la teoría de que llega un punto de la temporada en que no hay que hacer sufrir a los equipos que no se juegan nada: directamente se les devuelve el precio de la entrada y el partido no se disputa. Y a pesar de que el jueves jugaban tercero contra cuarto, prefectamente podrían haber sido Solteros contra casados o Toreros contra 'guardiaciviles' y haber tenido la misma emoción.

El «Así nos va» de mi madridista de cabecera radicaba en las fotos de Brahim Díaz, los titulares glosando la figura de Brahim Díaz, las babas, loas, glorias y alabanzas dedicadas a Brahim Díaz, el presunto crush -dicen los modernos- de Zidane con Brahim Díaz, los movimientos mágicos de Brahim Díaz… después de un 0-0 en el Alfonso Pérez. «Entiendo que a algo hay que agarrarse -decía con el tercer café del día en la mano-, pero esto es excesivo».

Y recordé cómo después de una Supercopa y un gran partido, algunos de los que ayer elevaban al muchacho a los cielos predecían el balón de oro de dos-mil-veinti-algo para Marco Asensio, justo antes (o justo después) del que recibirá Vinícius.

Cada irrupción en blanco se convierte en una exageración brutal (supongo que habrá culés igualmente puros que se echarían las manos a la cabeza al leer cosas como «Riqui Puig, el nuevo Iniesta») y no hay absolutamente nada positivo en tal dislate: al muchacho se le llena la mochila de una presión que puede asfixiarle y truncar una carrera, y al aficionado se le inflan artificialmente las expectativas, cuando solo es un niño que arranca su viaje, y terminará pitándole si en dos o tres temporadas no las cumple. «Así nos va», claro.