El Sinodal sale del búnker

Sergio Arribas
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La biblioteca del Archivo de la Catedral es como una cámara acorazada. El libro, el primero impreso en España, que es además ejemplar único, permanece escondido en un lugar que solo conocen el canónigo archivero y el técnico del Archivo.

El Sinodal original en manos del canónigo archivero. - Foto: Rosa Blanco

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El Sinodal de Aguilafuente, primer libro impreso en España

La cita es en la zona de la Sacristía de la Catedral. En la sala, el canónigo archivero, José Miguel Espinosa, avisa que el Cabildo no suele enseñar el libro original. Para investigadores y curiosos dispone de dos facsímiles o copias, elaborados en el siglo XX. Hoy es una excepción. Se abre una puerta y el técnico del archivo catedralicio, Bonifacio Bartolomé, deja la joya sobre la mesa. «Aquí está el Sinodal de Aguilafuente», desvela Espinosa, con gesto casi reverencial. Es entonces cuando el canónigo archivero se enfunda unos guantes blancos y empieza a pasar sus páginas, con extrema delicadeza.

El Sinodal no es un incunable más, como se denominan a los libros impresos antes de 1500. Es el primero impreso en España, en 1472, y en castellano. Salió del taller que el maestro impresor alemán Juan Párix, natural de Heidelberg, abrió cerca de la antigua catedral, en el barrio de las Canonjías, como lo recuerda una placa en la calle Velarde, colocada cuando se cumplió el quinto centenario de la efeméride. «No sabemos cuántas ediciones se hicieron del Sinodal de Aguilafuente, quizá tres, pudieron ser 500 ó 700 ejemplares, no lo sabemos. La realidad es que solo nos ha llegado uno», explica Fermín de los Reyes, uno de los mayores expertos de España en incunables, en historia de la imprenta y comisario de varias exposiciones relacionadas con la imprenta y Juan Párix.

Es un libro de 48 páginas, más 15 en blanco, con papel basto con buen gramaje y sin dibujo, de 17,5 x 23,5 cms, sin signaturas topográficas, foliación impresa y reclamos. Cada página tiene 28 líneas por página. Su letra es romana con algunas letras góticas y variedad de caracteres en algunas letras. Posee letras capitales, alguna con dibujo y realizada a mano. Su encuadernación es de  piel sobre tapa de madera y tuvo dos cierres, «todo de estilo mudéjar», desvela el canónigo, a quien se le refleja en su rostro una leve sonrisa, consciente de la maravilla que tiene entre sus manos. «Se reencuardenó en 1983», añade el sacerdote.

José Miguel Espinosa, con el Sinodal de Aguilafuente, impreso en 1472.José Miguel Espinosa, con el Sinodal de Aguilafuente, impreso en 1472. - Foto: Rosa Blanco

Espinosa recuerda que contiene las actas del sínodo diocesano convocado por el obispo Juan Árias Dávila y que tuvo lugar en la iglesia de Santa María de la villa de Aguilafuente, entre el 1 y el 10 de junio de 1472. Con los sínodos se pretendía conseguir lo que con indicaciones a particulares no se lograba en lo que se refiere a un mayor culto divino, reforma de vida y costumbres. Para ello se harían copias escritas que se leerían en las iglesias a los feligreses en tres domingos, se establecerían testigos o acusadores sinodales y se sancionaría económicamente y con penas canónicas a los incumplidores. «Al de Aguilafuente, asistieron más de 80 personas, entre clérigos y laicos», precisa Espinosa.

La primera curiosidad del incunable la apunta el cánonigo archivero. En una de sus primeras páginas está anotado, a mano, que es un libro de 1462, aunque, a continuación, se rectifica el error y se aclara que no fue un encargo del obispo Juan Cervantes sino de Juan Árias Dávila. «Entre ellos hubo dos obispos más en Segovia», precisa el canónigo.

El Sinodal presenta algunas características que apuntalan su condición de ser el primero que se imprimió en España. «Sigue el modelo de escritura cortesana de algunas letras como la E mayúscula en forma de semicírculo. También —añade— vemos lo irregular de la colocación de las letras, imperfección de los caracteres de esta primitiva imprenta».

Trabajos en una prensa primitiva.Trabajos en una prensa primitiva. - Foto: D.S.

En seis meses. La obra salió de la imprenta de Párix a finales de 1472 o principios de 1473 pues, tal y como se refleja en una de sus páginas, el obispo ordenó que el contenido del sínodo fuera difundido en seis meses entre sus destinatarios, sacerdotes de la diócesis y alumnos del Estudio General que Árias Dávila abrió junto al Palacio Episcopal, entonces aledaño a la antigua catedral de Santa María, junto al Alcázar.

El contenido del Sinodal responde a los asuntos de interés eclesiásticos de la época y, de esta manera, apunta la necesidad de enseñar los artículos del credo, los mandamientos, los sacramentos y las obras de misericordia durante algunos domingos; o de que los clérigos deben, por ejemplo, cuidar “su porte externo, no tomar partido, no llevar armas y evitar juegos y estrados en las iglesias” o estudiar la lengua latina.

«El estado de conservación del Sinodal es perfecto. La encuadernación se restauró en los años 70 del siglo XX. Además los incunables del siglo XV están hechos con un papel de extraordinaria calidad y, por esta razón, llegan a estar mejor conservados que otros de siglos posteriores», explica, por su parte, Fermín de los Reyes, que recuerda como todo el patrimonio bibliográfico, también el que se conserva en la Catedral de Segovia, se custodia en unas especiales condiciones de seguridad y conservación.

Recreación del encargo a Párix por parte del obispo Árias Dávila.Recreación del encargo a Párix por parte del obispo Árias Dávila. - Foto: D.S.

El Sinodal de Aguilafuente es uno de los 534 incunables que se custodian solo en la Biblioteca de la Catedral, que guarda, además, entre otros tesoros, 214 códices (desde el siglo XIII al XV), 37 manuscritos (XVI-XIX) y otros libros e impresos (desde el siglo XV a la actualidad). «Son habitaciones oscuras, en las que solo entramos el técnico del archivo o el archivero. El Cabildo hizo una inversión importante hace unos tres años. Son cámaras ignífugas, para impedir cualquier conato de incendio. En estas condiciones están también el Archivo musical que contiene, por ejemplo, el Cancionero de la Catedral, con 204 obras de música española y europea de la época de los Reyes Católicos», explica Espinosa.

«Esta mañana le dije a Bonifacio [Bartolomé] que sacara el Sinodal. Solo él y yo sabemos dónde está», comenta Espinosa, mientras desliza una ligera sonrisa.

La historia del hallazgo del Sinodal de Aguilafuente encierra otra de las curiosidades que rodean a la obra. Diego de Colmenares (1586-1651), en su ‘Historia de Segovia’ (1637), dio por primera vez noticia del impreso, pero al no haberse visto después el ejemplar, los bibliógrafos no le creyeron. «En 1930 lo describió el canónigo archivero [Cristino Valverde] y el libro salió, físicamente a la luz», comenta, por su parte, Fermín de los Reyes.

El canónigo archivero, con el libro original, el primero en España, que maneja con guantes.El canónigo archivero, con el libro original, el primero en España, que maneja con guantes. - Foto: Rosa Blanco

El descubrimiento cambió la historia de la imprenta en España pues hasta entonces se creía que el primer libro impreso era ‘Obres o trobes en lahors de la Verge María’, del impresor Lambert Palmart (Valencia, 1474). «Solo hay un ejemplar del Sinodal, imagino —dice Fermín de los Reyes— que el resto se repartirían por la diócesis de Segovia. Llegarían otros sínodos y aquel, el de las actas de Aguilafuente, dejó de utilizarse, y desaparecieron. Quizá haya algún ejemplar del Sinodal oculto en el cajón de alguna sacristía y no lo sabemos».

El canónigo archivero, comenta, por otro lado, que pese que el Sinodal es una obra «muy conocida» entre los especialistas, no lo es tanto entre el público en general. Espinosa cree que si se preguntara a los turistas que visitan la Catedral «estoy seguro que muchos no lo saben». «Aunque tenemos una vitrina en la capilla de San Pedro donde hay un facsímil del Sinodal, y otro del Cancionero de la Catedral, que es otra joya, son obras que, por desgracia, pasan inadvertidas», añade.

Juan Párix, un alemán de Heidelberg. El impresor Juan Párix llegó en 1472 a Segovia llamado por el obispo Juan Árias Dávila. Por aquel entonces Segovia era un importante centro político y económico, sede de la corte de Castilla. Era natural de Heidelberg, una ciudad alemana cerca de Maguncia, donde Johannes Gutemberg (1400-1468) inventó la prensa de imprenta con tipo móviles moderna, hacia 1440. Fermín de los Reyes explica que Párix llegó procedente de Roma, donde ya ejercía como maestro impresor. «La imprenta era un gran cachibache, de dos metros de alto, de madera, con mecanismos para ejercer la presión (…) Lo importante eran los tipos móviles, que eran muy costosos. No eran tipos germánicos, que eran góticos y angulosos, sino de letras redondas y claras. Estos tipos y otros elementos delatan que Párix procedía de Roma».

El Sinodal sale del búnkerEl Sinodal sale del búnker - Foto: Rosa Blanco

El Sinodal fue el primero que imprimió Párix y en castellano. Del sínodo de Aguilafuente se hicieron dos copias a mano. En la Catedral se conserva la que sirvió para la impresión, el Codex Canonum. En Segovia, Párix imprimió 8 libros, entre 1475 y 1476 ó 1477. «De los 8 libros de Párix de los que se conocen ejemplares, 6 están en la Catedral de Segovia», apunta Fermín de los Reyes, uno de los fundadores de la Asociación Cultural Sinodal de Aguilafuente que, desde hace 19 años, conmemora en el pueblo segoviano su vinculación con la historia de la imprenta.

Quizá Juan Párix abandonara Segovia por falta de trabajo, aunque De Los Reyes sospecha que se marchó por una situación «casi novelesca». Pedro de Osma, «compañero de Árias Dávila», publicó un tratado de confesión que «llegó a ser prohibido y quemado» por la Inquisición, lo que motivaría a Párix a poner tierra de por medio. Se marchó a Toulouse, donde estableció un taller de imprenta, hasta que falleció en el año 1502.

Protección de pergaminos. El Cabildo aborda desde hace un año la tarea de protección de la colección de pergaminos que conserva la Catedral. Solo en la primera sección, la del archivo, existen hasta 716 pergaminos, del siglo XII al XVII, que abarcan bulas papales, privilegios reales, documentos rodados, cartas de compra y venta, censos y otros. «Algunos tienen hasta 900 años. Estaban protegidos con papel ácido, con lo que estamos haciendo carpetas con un papel no agresivo para que queden protegidos», explica el canónigo archivero, José Miguel Espinosa.

Espinosa con un facsimil (copia) del original, que también conserva la Catedral.Espinosa con un facsimil (copia) del original, que también conserva la Catedral. - Foto: Rosa Blanco

Al mismo tiempo, se trabaja en la sujeción de los sellos que tienen algunos de los documentos. Se trata de un trabajo muy artesanal, metódico y delicado, que realiza el sacristán de la Catedral, con la ayuda de un empleado de la seo segoviana y del técnico del archivo, Bonifacio Bartolomé. Al mismo tiempo, la tarea se aprovecha para la limpieza de los armarios de grandes cajones que guardan los pergaminos, muchos de gran valor, referidos a documentos pontificios o reales.

 

 

Nombre de Juan Párix en un impreso de Segovia.Nombre de Juan Párix en un impreso de Segovia. - Foto: D.S.

 

El sacristán de la Catedral, en la tarea de protección de pergaminos.
El sacristán de la Catedral, en la tarea de protección de pergaminos. - Foto: Rosa Blanco