Un impecable Atlético devora a la Juventus

SPC
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Los de Simeone se agigantan ante la 'Vecchia Signora' y se marchan a Turín con una clara ventaja gracias a los tantos de Giménez y Godín . El VAR anula un gol a Morata

Un impecable Atlético devora a la Juventus - Foto: Rodrigo Jiménez

Un gran Atlético de Madrid, agigantado ante un desafío enorme, anuló y devoró ayer a la Juventus en el partido de ida de los octavos de la Champions, disparado hacia el duelo de vuelta en Turín por los goles de los uruguayos Giménez y Godín y un sensacional 2-0.
Ganó con indiscutible merecimiento, no recibió ningún tanto en contra y llegará al Juventus Stadium con dos tantos de ventaja. Un plan y un desenlace perfecto para un equipo que quiere la ‘Orejona’, que no entiende de favoritos y que fue capaz de dejar en prácticamente nada a un rival de tal talla y a Cristiano.
Y pese al VAR. Sin él, la ventaja habría sido incluso mayor para el conjunto rojiblanco, frustrado por un tanto anulado a Álvaro Morata, concedido primero por el árbitro antes de visionar de nuevo la jugada. Ni siquiera eso le hizo decaer. Luego logró los dos goles.
Cada nuevo estadio necesita sus historias; momentos imborrables que transcienden el tiempo. En ello está el Wanda Metropolitano, que ya disfrutó con las semifinales de la Liga Europa ante el Arsenal y que ahora quiere más. Mucho más. Ya tiene una noche de Champions vibrante, pero aún queda completarla el 12 de marzo en Turín.
No hay matices en la competitividad del Atlético. Tampoco en Diego Costa. Un «guerrero», como lo calificó Simeone, pero también un buen jugador. El pasado sábado reapareció dos meses y 10 días después de una lesión; ayer irrumpió en el once con la voracidad, la fuerza y la pasión que le hacen temible para cualquier oponente.
El ‘19’ colchonero fue el elegido para un partido de alto voltaje por Morata. También fue el faro sobre el que entendió el Atlético el origen de su partido; primero para desprenderse de la presión de los italianos, al ritmo ofensivo de la movilidad de Ronaldo, que exigió de inmediato una parada de Oblak, y luego para responder.
Porque el Atlético surgió con potencia desde entonces. Diego Costa «aún no está para aguantar 90 minutos» -aguantó 57- cuando fue reemplazado por Morata, y se cayó de la vuelta por una amarilla que nada tuvo que ver con el juego -por adelantarse en la barrera-, pero cada batalla por el balón fue suya. Por arriba, por abajo, contra Chiellini, contra Bonucci y contra De Sciglio, que lo derribó al límite del área. El árbitro señaló penalti; el VAR le rectificó.
No encontró el gol el cuadro de Simeone entonces, al borde de la media hora, negado por Wojcieh Szczesny a Griezmann, como antes lo había hecho en un derechazo de Thomas o como había ocurrido antes en el otro área, con Oblak a sendos tiros de ‘CR7’ o Dybala, pero se sentía tan cerca del 1-0 o más que un rival decaído en ataque.
Cuando el partido enfiló el descanso, había domado esa Juventus que entró en escena en campo contrario, con desborde y con constancia, apagada en cuanto el ‘Atleti’ ajustó su presión y su colocación, en cuanto afianzó su defensa -el partido de Godín fue magnífico-, en cuanto se apropió de las segundas jugadas, cuando corrió al contragolpe y en cuanto halló a la ‘Pantera’.
Aún necesitaba a Griezmann, el hombre más determinante del Atlético. Había dejado detalles en todo el primer tiempo, pero cuando de verdad apareció fue a la vuelta del vestuario, primero para dejar solo a Diego Costa, que erró una ocasión que nunca falla, y después para poner una vaselina que parecía gol salvo para Szczesny. La tocó lo justo. El larguero hizo el resto.
El esfuerzo lo convirtió en en éxito Morata, con un sensacional testarazo. Pero lo frustró el VAR. No se aclaró el colegiado, que observó de nuevo la jugada. Y lo anuló.
¿Hubo empujón sobre Chiellini en el remate? Sí ¿Fue con tanta fuerza como aparentó la caída del central turinés? Ahí reside la duda de un gol que sin VAR habría subido al marcador.
el culmen. Siete minutos después, una serie de rebotes tras un saque de esquina, provocaron que el balón le cayera a Giménez, que se lanzó con el alma para remachar el gol local, merecido sin duda. El tanto desató la fiesta en el Metropolitano, agrandada instantes después, cuando Godín, impecable todo el duelo, en otra jugada embarullada en el área pequeña, culminó la apoteosis: el 2-0.