COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Sánchez y Casado hablan del pacto

18/04/2020

La reunión por videoconferencia que mañana mantendrán el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez y el líder de la oposición, Pablo Iglesias, tendrá un desarrollo previsible, el primero le invitará que participe en la mesa de reconstrucción social para salir de la crisis que ha provocado la extensión y la gestión del coronavirus y el segundo mantendrá las críticas que ha formulado en sede parlamentaria   a la gestión del Ejecutivo, mostrará su incomodidad por el método elegido por Sanchez y finalmente acabará por confirmar la asistencia de su partido a esa primera reunión prevista para la semana próxima.

La urgencia de Pedro Sánchez en esta iniciativa política, demandada por una ciudadanía que asiste atónita a los enfrentamientos políticos y que preferiría que dejaran los ajuste de cuentas para cuando los contagios estén controlados, ha vuelto a poner de manifiesto que se peca de nuevo de improvisación, aunque contar con un aval multipartidista es necesario para presentarse ante las autoridades europeas cuando se trate de negociar la llegada de fondos.

El método de comenzar a trabajar en el acuerdo de reconstrucción es distinto al que se utilizó en los pactos de La Moncloa, dado que allí se partió de un documento de un centenar de páginas redactado por el vicepresidente Enrique Fuentes Quintana, mientras que en esta ocasión se pretende que el documento se comience a elaborar con las aportaciones que realicen todas las partes. Esa falta de concreción es la que le han recriminado formaciones que apoyan de forma crítica la negociación del acuerdo, como Ciudadanos o Coalición Canarias, mientras que nacionalistas e independentistas señalan que no están dispuestos a que los acuerdos supongan una interferencia con las competencias de su autogobierno, cuando no se muestran dispuestas a entorpecer su desarrollo al exigir que se tengan en cuenta sus demandas soberanistas. Pero tampoco hay motivos para el optimismo dada la reacción que han tenido algunas comunidades autónomas centralistas con los acuerdos sectoriales alcanzados en materia educativa, con las gobernadas por el PP contrarias a su aplicación con variados argumentos.

El acuerdo será imposible si el Ejecutivo, más que pretender mutualizar sus errores de la gestión, que los ha habido, como los habría cometido cualquiera que se hubiera enfrentado a esta situación desconocida, no intenta compartir los éxitos que vendrán para sentar las bases de la reconstrucción económica y social, para lo que se necesita que tanto el PP como el Gobierno actúen con lealtad. 

Las posiciones  de partida no pueden estar más distanciadas: mientras que Casado acusa a Sánchez de haber abrazado la política económica de Pablo Iglesias, el líder del PP llega a la reunión de mañana con las directrices marcadas por la FAES de Aznar como ariete de sus propuestas paa un acuerdo que debiera tener como sede el Congreso, pese a que la defensa de lo público y la necesidad de establecer una renta mínima vital parecen dos elementos que han de estar presentes en el acuerdo.  Conjugar el refuerzo de la actividad económica con la defensa del empleo, exigirá que los agentes sociales y económicos realicen un esfuerzo suplementario en materia fiscal y laboral. Que las ayudas previstas lleguen a las empresas, y que autónomos y afectados por los ERTE comiencen a ver que los fondos acaban en sus bolsillos también quitará tensión a la posibilidad del pacto.