Remates en la obra del campus de la UVa retrasan el traslado

D. A.
-

El vicerrector de Infraestructuras aún confía en «normalizar» el uso del nuevo edificio en el primer trimestre del nuevo curso, aunque el salón de actos no estará para la ceremonia de apertura

Hall de entrada al nuevo edificio - Foto: Rosa Blanco

Con fecha del pasado 15 de marzo entregaba la constructora Ocide las obras de la segunda fase del campus María Zambrano, pero de ahí a su recepción formal por parte de la Universidad de Valladolid (UVa), lo que es la firma del visto bueno para hacerse cargo de las nuevas instalaciones y poder empezar a equiparlas, va un buen trecho de revisiones y certificaciones. Diferencias de criterio sobre remates pendientes han trabado esta larga recta final, aparte de problemas colaterales como impagos entre la adjudicataria y varias subcontratas, según advierten distintas fuentes del campus segoviano. No obstante, la voz oficial autorizada, el vicerrector de Patrimonio e Infraestructuras, Julio Grijalba, resta importancia a tales incidencias: «En estos últimos meses se ha estado trabajando en los remates y el proceso se está dilatando, pero bueno, no es extraño que pase en un proyecto de esta entidad y yo creo que ya puede ser cuestión de días», asegura.
Grijalba prefiere quedarse así con lo positivo de ver como lo peor se da por superado, aunque la idea fuera iniciar el traslado en mayo y aún deba retrasarse como poco unas semanas más. Queda lejos el anhelo de celebrar la ceremonia de apertura del próximo curso (20 de septiembre) en el salón de actos, la dotación más vistosa de la segunda fase, ya que aún está por tramitarse la adquisición del mobiliario, e incluso tocará contratar pequeñas obras ajenas al proyecto principal para aplicar las recomendaciones de un estudio acústico elaborado recientemente tras detectarse problemas de reverberación. 
Pero lo prioritario, muy por encima del valor simbólico de haber podido estrenar el salón de actos en esa fecha, es mejorar la calidad de vida de profesores y alumnos en el día a día; o dejar de poner a prueba su paciencia con las estrecheces de un campus a medio hacer desde hace siete años, si se quiere plantear el asunto desde una perspectiva más crítica.

El Salón de Actos, aún sin equipar, será la dotación más vistosa.
El Salón de Actos, aún sin equipar, será la dotación más vistosa. - Foto: Rosa Blanco
«Trabajamos con el objetivo de que el uso del nuevo edificio se normalice a lo largo del primer trimestre, lo cual no significa que el mismo día de apertura vayan a estar en funcionamiento todas las dependencias previstas», matizaGrijalba. ¿Y cómo debe interpretarse la expresión de un «uso normalizado» en un plazo tan relativamente corto, para finales de este año, cuando se prevé destinar 800.000 euros a equipamiento en 2019 y dejar pendiente al menos otro millón para 2020? «Se ha evaluado lo que es urgente», responde, «y lo que se va a incorporar en un principio permite que se desarrollen las actividades previstas», caso de la progresiva ocupación de los despachos de los profesores, quienes actualmente deben compartir mesas y salas hasta niveles que a menudo complican conciliar su trabajo diario, por ejemplo, con unas tutorías donde los alumnos no siempre gozan de la debida intimidad. La tendrán en el nuevo edificio, que incluye salas comunes para celebrar tutorías fuera de los despachos, que estarán compartidos por dos o por cuatro profesores.
También deberían entrar en servicio despachos de directivos y algunos de los laboratorios o aulas específicas de facultades. No todas, ni mucho menos, pero sí se cuenta con la ventaja de poder reutilizar equipos y mobiliario que ya dan servicio actualmente en otras dependencias, aparte de lo que se pueda comprar nuevo. «Iremos incorporando dotaciones poco a poco: a lo largo de este año, del que viene, y seguramente también al otro y al siguiente, como es natural en un edificio de estas características», incide Grijalba. 
Es de esperar que no suceda como con el edificio de la primera fase, en cualquier caso. Aquellas obras se dieron por terminadas antes de que empezara el curso 2011/12, y aunque entonces (en plena crisis) se anunció que el objetivo era efectuar el traslado tras los exámenes de enero, la certificación de las obras y la lenta dotación de muebles y equipos pospuso la puesta en servicio hasta el inicio del curso siguiente, de ahí el escepticismo crónico que aún pesa sobre el profesorado.
Salas acristaladas que serán principalmente para tutorías, rodeadas por despachos de profesores
Salas acristaladas que serán principalmente para tutorías, rodeadas por despachos de profesores - Foto: Rosa Blanco
Tres años de obras. La UVa adjudicó las obras de la segunda fase en mayo de 2016 a Ocide, empresa fundada en 1982, especializada en infraestructuras dotacionales desde 1990 y responsable de proyectos como la ampliación del aeropuerto de Valencia, la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Alcoy (Alicante) o el Hospital Gran Vía de Castellón. El plazo inicial de ejecución se estableció en 22 meses y la institución académica contaba por ello con que se le entregara el nuevo edificio en torno a la primavera de 2018, pero lo que se produjo entonces fue una áspera negociación que terminó con la aprobación de un modificado del proyecto por el que se amplió tanto el calendario como el presupuesto. El contrato salió a licitación en 2016 por 10,5 millones y Ocide se hizo con él gracias a una oferta que lo rebajó a 9,6, pero tras ese modificado ascendió a 10,4 millones y la cifra definitiva está pendiente de las certificaciones.
Los imprevistos ya empezaron durante los trabajos de cimentación al toparse con unos bolos graníticos que no figuraban en el estudio geotécnico; y tampoco han ayudado a cumplir plazos los cambios normativos en materia de cableado eléctrico o la aparición de vestigios arqueológicos.
El vallado exterior que rodea el nuevo edificio se mantiene y esta semana se ha retirado el que bloqueaba su entrada principal.Continúa cerrado con llave, salvo para visitas puntuales como la que autorizó la UVa a El Día para el reportaje gráfico que ilustra estas líneas, pero el vicerrector de Patrimonio e Infraestructuras subraya que «la obra como tal está concluida». A simple vista lo parece, ¿pero qué pasa con los aspectos inacabados que están prolongando más de lo previsto el proceso de revisión? «Si me pregunta hace dos meses podría haberle dicho que había un cierre de patios que se estaba rematando, por ejemplo, pero es que hoy está todo prácticamente terminado, a falta de la gestión documental necesaria para resolver la recepción de las instalaciones», matiza. Allí se ubicará el Rectorado,Vicerrectorado, decanatos, despachos de profesores, salas comunes, laboratorios y otras aulas específicas de cada facultad, así como el salón de actos, con capacidad para unas 375 personas, y un salón de grados para eventos académicos de menor formato, entre otras dependencias. 
En los pasillos destacan las paredes en madera y las forradas de viruta de madera
En los pasillos destacan las paredes en madera y las forradas de viruta de madera - Foto: Rosa Blanco
La entrada en servicio de esta segunda fase será la que acabe por fin con la dispersión de dependencias de la UVa por distintos puntos de la ciudad. Todo estará concentrado así en una única manzana que quedará pendiente de rematarse con una cancha al fondo. «Esa dotación deportiva formará parte de lo que podría decirse que será como una tercera fase, pero mucho más pequeña que la primera o la segunda», explica Grijalba. Incluye labores de urbanización exterior y el acondicionamiento de un espacio en el edificio de la primera fase para la cafetería, una vez se le haga hueco con el traslado de usos administrativos al nuevo edificio. ¿Pero esa «tercera fase» podrá estar antes de 2021, teniendo en cuenta que en 2020 se requerirán más partidas para financiar el equipamiento de la segunda, aparte de que no sólo hay que tramitar aún la contratación de esas nuevas obras, sino la posterior concesión de la explotación de la propia cafetería? «Aún no me atrevo a responder. En 2019 no va a estar porque ahora estamos con la resolución del proyecto técnico para estas dotaciones y luego habrá que licitar, construir, poner en funcionamiento... El plazo lo tendremos más claro en 2020, pero no será medio ni largo», asegura.
Por cierto, que antes de que se empezara a hablar de esa «tercera fase», con tal denominación se aludía de forma coloquial a la futura construcción de una residencia universitaria y otras dotaciones (también deportivas) en la zona del Regimiento, frente al lateral del campus que da a Coronel Rexach, cruzando la calzada. Todo eso está pendiente de negociaciones entre la UVa y el Ayuntamiento iniciadas hace más de siete años para la cesión de esos terrenos e incluyen su permuta por los del edificio de la antigua Escuela de Magisterio, que pasaría a ser de titularidad municipal. Una idea que sigue vigente y más aún después de que las elecciones hayan asegurado continuidad en el Gobierno local, aunque esos planes avanzan con enorme lentitud.
No sin complejidad se dirime también el conflicto generado por impagos entre Ocide y las subcontratas. La UVa está intentando mediar, aunque no tiene una posición jurídica vinculante: «Sabemos que se han ido resolviendo algunos impagos en las últimas fechas y esperamos que se resuelvan en su totalidad», señala Grijalba. «Nuestro deseo es que se resuelva todo porque nosotros cumplimos escrupulosamente nuestras obligaciones contractuales, como es natural, y esperamos que los demás las cumplan también, claro». ¿Pero «los demás» responsables son otras empresas aparte de Ocide? «Son quien corresponda», contesta el vicerrector de Infraestructuras. «En una obra interviene una empresa principal, unas subcontratas, subcontratas de subcontratas, operarios... Esto es una cadena que empieza en el promotor, la UVa en este caso, que sí ha cumplido». Y en breve, en teoría, firmará por fin la recepción de las obras para iniciar los preparativos del traslado.