DESDE EL ALA OESTE

Fernando Aller

Periodista


Tu comercio es de todos

La penetración en España de grandes superficies comerciales, la modernidad que venía fundamentalmente de Francia y que aceptamos eufóricos con ese papanatismo tan español por todo lo extranjero y desconocido, provocó allá por la década de los ochenta el cierre de numerosos establecimientos de pequeño tamaño, muchos de ámbito familiar. Aquel tsunami invasor comenzó a dibujar un paisaje sombrío en las ciudades: trapas cerradas, escaparates sin luz y pintadas como afrentas al buen gusto que compendiaban un panorama rayano en la desolación. Pasada la euforia, comenzó a ser mejor valorado el viejo comercio, los establecimientos llamados de proximidad, con atención más personalizada. Una reversión que se está viendo truncada en los últimos años por un competidor mucho más dañino, que satura la demanda con una oferta global, incluso universal, con el agravante de que los beneficios en gran parte son extraditados a paraísos fiscales. La venta por internet se percibe en estos momentos como el golpe de gracia al comercio presencial. Su daño será irreversible en términos económicos y sociales.
Castilla y León ha perdido en los últimos cuatro años 3.500 autónomos en el sector del comercio, un 7,5%, con reparto similar en las nueve provincias. Un porcentaje que dobla la media registrada en España. La incógnita es si la deriva resulta inexorable o si la tendencia a comprar a golpe de clic puede ser reducida, o al menos frenada.
Cuando se produjo el primer ataque al pequeño comercio, políticos de Castilla y León apuntaron como parte de la solución crear espacios comerciales compartidos, haciendo de las calles bulevares y paseos cubiertos, incluso dotados de la climatización adecuada. Nada llegó a hacerse. Ahora los afectados también miran a los gobiernos a la espera de soluciones que ellos mismos no aportan y menos conciben. Posiblemente habría que empezar por un inmenso trabajo de concienciación de los ciudadanos, sobre todo entre los jóvenes, remedando aquel viejo mensaje forestal, porque cuando un pequeño comercio en tu ciudad se cierra, algo de todos desaparece.