La cara más amable de la Guardia Civil de Tráfico

ICAL
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Alejandro Zarco, Guardia Civil de Tráfico en la provincia de Segovia - Foto: Nacho Valverde (ICAL)

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La cara amable de la Guardia Civil

El día a día de los cerca de los 1.500 agentes de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil desplegados en Castilla y León es mucho más que las miles de denuncias que imponen cada año -más 184.000 en 2018- o de los 16 millones de kilómetros que recorren cada año vigilando las carreteras de la Comunidad.

Detrás de su cara menos amable, el trabajo de estos agentes está salpicado de situaciones que, por mucho que se repitan, nunca son fáciles de gestionar. Casi siempre son los primeros en llegar a los accidentes de tráfico, algo que les obliga a convertirse, aunque sea por unos minutos, en sanitarios, bomberos y psicólogos, sin olvidarse de su protocolo que marca que lo primero es la protección propia y de las víctimas, para después pasar a auxiliar y socorrer.

Además de medio centenar de rescates, la Agrupación de Tráfico del Instituto Armado viene realizando en los últimos años una media anual de 31.000 auxilios.

La nieve es uno de los grandes enemigos del tráfico y puede llegar a generar situaciones tan dantescas como el accidente múltiple ocurrido en la A-1 en abril del pasado año en la provincia de Segovia y en el que se vieron implicados sesenta vehículos, entre ellos el coche patrulla del teniente Alejandro Zarco, y que se se saldó con treinta heridos.

“Lo primero fue señalizar bien el accidente para asegurarnos que no fuera a más y después empezamos a socorrer a los heridos, tarea en la que contamos con la ayuda de un médico que también fue víctima del accidente. Además, tuvimos que utilizar un autobús involucrado en el accidente para resguardar a varias familias, algunas con bebés, cuyos coches habían quedado totalmente destrozados. Fueron momentos angustiosos para mucha gente y los minutos se hicieron horas hasta que las primeras ambulancias comenzaron a llegar”, recuerda el teniente Zarco.

Fue una jornada interminable. Entró de servicio a las ocho de la mañana y cuando cruzó la puerta de su casa eran cerca de las diez de la noche. No obstante, el único recuerdo que guarda de aquella jornada es la gratitud de la gente. “Es tu trabajo, igual que sancionar a un conductor que no cumple el reglamento, pero poder ayudar a las personas y saber que tu trabajo ha servido para evitar un accidente mayor es muy reconfortante”.