CRÓNICA POLÍTICA

Charo Zarzalejos

Periodista


Y ahora los pactos

Si el continuo proceso electoral se ha hecho eterno y ha dejado exhaustos tanto a sus protagonistas como a la propia opinión pública, el proceso de pactos en el que ya estamos inmersos no va a ser ni más breve ni menos cansino aunque siempre cabe el consuelo de saber que algunos plazos están tasados. 
Es sabido que alcanzar pactos no es tarea fácil. Ponerse de acuerdo cuando no se piensa lo mismo, cuando hay que hacer cálculos sobre sus consecuencias y cuando los intereses de los partidos están presentes por mucho que les guste apelar a la responsabilidad, requiere de tiempo y, sobre todo, de mucha inteligencia política. 
En la memoria de todos está la campaña para municipales y autonómicas. No creo que a nadie le cueste demasiado esfuerzo lo que cada partido ha dicho y prometido pero es buena terapia, para que no surtan los pasmos, dejar todo lo dicho guardado en un rincón de la cabeza y asumir que la política es también nadar en las contradicciones, reinterpretar lo que se ha dicho y ya con los votos en la mano, percibir la realidad de una manera distinta a como se percibía antes de abrirse las urnas. 
Lo que tenemos por delante es un auténtico sudoku. Todo indica que el máximo interés está puesto en Madrid, en su gobierno y en el Ayuntamiento. En ambas instituciones suma el bloque de la derecha. Sin embargo, como le gustaba decir a Rajoy, España es más que Madrid y es seguro que el conjunto autonomías y ayuntamientos estarán presentes en todas la mesas. A esto hay que añadir la propia investidura de Pedro Sánchez. Ahí está el PNV que ya ha advertido que si el PSN apoya en Navarra a la coalición no nacionalista, en la investidura les han visto. 
No hay que olvidar a Pablo Iglesias. Sus resultados del 25 de Mayo han sido malos, muy malos, pero nadie le quita los 42 escaños que tiene en el Congreso y que son indispensables para que Sánchez se convierta en Presidente con plenitud de funciones. Los socialistas creen que Iglesias va de farol, que al final se avendrá a la no coalición. Es verdad que en esos procesos hay mucho postrero, mucho tira y afloja, muchas pretensiones máximas para luego ir de rebajas. Pero cuidado, porque Iglesias no va de broma y no digo que esté dispuesto a nuevas elecciones, pero los socialistas saben o deberían saber que va a sudar tinta. Y la van a sudar porque tienen 123 escaños. Dirán que con 84 echaron a Rajoy y gobernaron unos cuantos meses. Pero ahora no se trata de echar a nadie, se trata de gobernar y el paradigma es radicalmente distinto. No le falto ojo a Iglesias cuando ya en campaña alertaba de que el PSOE si pudiera gobernaría con Ciudadanos. 
Es este partido, Ciudadanos, el que se ha convertido en el deseado por todos, lo que confirma que tras la irrupción de la nueva política, a la hora de la verdad, no importa demasiado los votos conseguidos. Realmente el partido de Rivera no ha conseguido, en su mejor momento, dar el sorpasso al PP cuando este partido atraviesa su peor momento y Rivera se ha quedado a distancia estratosférica de La Moncloa. Como saben que esto no lo tienen fácil ni próximo su estrategia más inmediata no deja de ser otra que debilitar lo más posible al PP. Los porcentajes de votos en las elecciones europeas confirman que en medio de tanta tormenta son dos los grandes partidos de España: PSOE y PP. 
Siendo los más grandes son los más dependientes. Sin los 42 escaños de Podemos, Sánchez lo tiene difícil por no decir imposible y sin Vox y Ciudadanos, el PP queda fuera de todas las instituciones que, en principio, tiene opciones de gobernar. Y no lo tienen fácil los de Casado. Ciudadanos se niega a sentarse con Vox, confiando en que el PP haga el trabajo duro con Vox, pero Vox se ha plantado como se ha plantado Iglesias: o hay conversaciones a tres -dice Abascal- o ni empezamos a hablar. 
Si no es inteligente tomarse a broma la posición de Iglesias respecto a la gobernación de España, es temerario poner entre la cuerdas a Vox. Abascal, en esta ocasión, no va de broma. 
Habrá que tomarse la nueva pantalla con mucha paciencia, aceptar de antemano que puede haber muchas sorpresas y que a día de hoy nada, absolutamente nada esta escrito. Ni siquiera que la legislatura vaya a durar cuatro años.