UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


37 años

Esa es la edad del Estatuto de Autonomía de Castilla y León. 37 años han pasado desde que entró en vigor un 25 de febrero de 1983. Y, como cada año, la celebración del aniversario da ocasión para reflexionar y debatir sobre varios aspectos relacionados con ese periodo de vigencia, que ya va siendo considerable. Se discute si la Comunidad está suficientemente asentada, si la autonomía ha sido útil para mejorar la vida de los ciudadanos, si sería necesario algún cambio en un sentido o en otro. Opiniones hay para todos los gustos: habrá quien piense que el modelo autonómico no ha sido positivo para el desarrollo y desearía un retorno, más o menos completo, a la situación anterior, incluso entendiendo que con un Estado más centralista tendríamos menos identidad, pero más igualdad; habrá quien piense que el sistema de autonomías va camino de agotarse y que sería ya el momento de avanzar hacia otra fórmula aún más descentralizada, llámese Estado federal, o algo parecido; y les habrá que opinen que el Estado de las Autonomías, con sus defectos y sus limitaciones, fue un hallazgo original y positivo para afrontar un problema territorial de largo alcance y que hay que darle más tiempo todavía para que despliegue todas sus potencialidades.
Todas las opiniones son respetables, obviamente; porque estamos ante cuestiones que son discutibles y no constituyen dogmas de fe. Pero si le damos al asunto un poco de perspectiva histórica, y, en nuestro caso, aplicamos un poco de criterio comparativo, recordando cómo era nuestra tierra hace treinta y siete años y cómo es ahora, tal vez podremos coincidir en que este recorrido autonómico ha merecido la pena. Desde luego, hay retos que lo eran entonces y lo son ahora, con mayor gravedad aún, como ocurre principalmente con el problema demográfico, de muy complejas causas y de no sencillas soluciones. Por el contrario, también es cierto que la inmensa mayoría de los indicadores que miden la evolución de una sociedad (renta, educación, servicios públicos de calidad, etc.) es claramente mejor ahora que entonces. Si es así, y lo es, mantengamos la confianza en un modelo que, sin duda necesitado de mejoras y actualizaciones, ha permitido aproximar, en positivo, las decisiones a los problemas.