CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Villarejo

Se decía del Cid que ganaba batallas después de muerto. En España hay un ex comisario. José Villarejo, que no está muerto pero sí en prisión provisional desde hace dos años y sin embargo sigue cobrándose víctimas que se mueven en las más altas esferas.

El prestigio del Rey Juan Carlos se vio en entredicho al lanzar a los cuatro vientos detalles que solo deberían afectar a su vida privada, pero también cayó la ex secretaria general del PP, María Dolores de Cospedal, al publicarse la grabación de una conversación mantenida en su despacho con Villarejo y con su marido: Villarejo no provocó la dimisión de Dolores Delgado en Justicia porque Sánchez no quiso sumar un nuevo nombre a las de los ministros Huerta y Montón, y tiene mucho que ver Villarejo con que Rajoy no renovara a Jorge Fernández como ministro de Interior, ya que se da por hecho que fue Villarejo quien grabó a Fernández en su despacho oficial y filtró a medios de comunicación la conversación que mantuvo con el responsable de Seguridad en Cataluña.

Ha trabajado para importantes empresarios y banqueros que acudieron a él para que les solucionaran “problemas” de dudosa legalidad, y en otros casos colocó como responsables de seguridad en empresas importantes a personas de su absoluta confianza … que acudieron a él cuando sus jefes les pidieron informes –o incluso más- sobre cómo podían deshacerse de sus adversarios. En algunos casos, sin que esos jefes conocieran la conexión de sus jefes de seguridad con Villarejo … o al menos es el argumento que utilizan ante los jueces que han acabado procesándoles. Hoy el ex presidente del BBVA se encuentra en una situación apurada, también el presidente de Iberdrola y el ex de Telefónica Juan Vilallonga ha quedado fuera de juego empresarial al hacer de intermediario para que Villarejo pudieran reunirse con Corinna … y grabar la conversación.

Cualquier país democrático debe contar con los resortes legales que neutralicen a un personaje que pone en peligro las estructuras del Estado y de importantes entidades privadas a través del juego sucio, el chantaje y maniobras en las que no hay reparos en preparar montajes innobles. Por ingenuidad en unos casos, o por pensar soberbiamente que su relevancia les coloca por encima de las leyes, están cayendo personajes fundamentales de la historia española actual. Estos últimos deben ser castigados con todo el peso de la ley, pero los que buena fe cayeron en las redes de Villarejo, merecen que la Justicia actúe cuanto antes. Derecho que deberían tener todos los españoles, aunque pocos lo consiguen.

Hay que seguir insistiendo en que la Justicia sea diligente para todo el mundo, porque aquí de destrozan biografías cuando los tribunales tardan años en pronunciarse. Como habría que exigir responsabilidades a los diferentes ministros de Interior del Psoe y PP que, al mantener a Villarejo, avalaban que era un profesional del que fiarse.