La historia de Julia, la única árbitra del fútbol segoviano

Nacho Sáez
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Comenzó con 14 años y sueña con llegar a internacional. «¿Compensan los insultos? Yo no me agobio, me gusta arbitrar».

Julia Rincón, la única árbitra del fútbol segoviano - Foto: PABLO MARTIN

Sentí vergüenza. Si están ahí es porque se lo han merecido y porque se han esforzado tanto como los hombres». Los insultos recibidos por Ainara Acevedo, Matilde Esteves e Ylenia Sánchez, primer trío arbitral formado íntegramente por mujeres que dirigía un partido de Tercera División, indigna a Julia Rincón (Martín Miguel, 2002), árbitra como ellas, que sueña con convertirse en internacional algún día. Ahora es la única colegiada del fútbol segoviano, donde también se manifiesta esa lacra del machismo que recogieron las cámaras de televisión en el partido entre el San Cristóbal y el Llagostera. Un encuentro de Liga correspondiente al grupo V (el de Cataluña) en el que por primera vez en Tercera no se contó entre el árbitro principal  y los jueces de línea –en esta categoría no hay cuarto árbitro– a ningún hombre.
Julia es aficionada al fútbol desde niña. Jugó primero al fútbol sala con el equipo de Valverde del Majano y, posteriormente, se pasó al fútbol 7 en las filas del club de Hontanares de Eresma. Sin embargo, la escasez de niñas que se quisieran calzar las botas la obligó a colgar las suyas cuando tenía que haber dado el salto a la categoría infantil. La reglamentación ya no permitía que continuara jugando con chicos, así que el modo que encontró de continuar vinculada al fútbol fue apuntarse a los cursos para ser árbitro, animada por su primo Juan Antonio Fernández, que también había tomado el camino del silbato.
«Hice un examen y a arbitrar», recuerda esta joven de Martín Miguel. «Mi primer partido fue horroroso. La lié muchísimo. Menos mal que estaba mi primo para ayudarme». Pero ese mal trago que tuvo que vivir, víctima en este caso de sus propios fallos más que de agentes externos, no la desanimó para continuar y ya son tres las temporadas en las que, cada fin de semana, prepara con mimo en casa la bolsa de deporte y acude al campo que le toca para dirigir «tres o cuatro partidos», depende de la jornada. Prebenjamines, benjamines y alevines son las categorías que le corresponden de momento, aunque también ejerce como árbitro asistente en la Provincial de Aficionados, es decir, con adultos. Allí no hay VAR y sólo la formación que recibe desde la federación y sus ganas de aprender la ayudan a cometer el menor número de errores posible. «Porque si nos equivocamos, pues nos hemos equivocado. Por eso me parece bien que ahora se haya incorporado el videoarbitraje al fútbol. No somos infalibles», subraya.
El buen ambiente que reina en el colectivo arbitral segoviano también es fundamental para el ánimo. «No tengo ninguna queja respecto a la relación con mis compañeros. Soy una más y llevo con ellos estupendamente». El calor de los que están acostumbrados a que se ponga en entredicho su labor, se les insulte y a veces incluso se les agreda constituye un pilar clave para que la cantera de árbitros se alimente cada temporada con nuevos integrantes y que, de esta manera, se puedan desarrollar las competiciones con normalidad. «Sin árbitros no habría ligas, ni los niños podrían jugar cada fin de semana al fútbol. Hay que darse cuenta», comenta esta estudiante de cuarto de la ESO del IES Giner de los Ríos que aspira a convertirse en policía nacional cuando acabe los estudios en el instituto.
Su momento más feliz desde que comenzó en el arbitraje –lo piensa durante unos cuantos segundos– no es uno concreto, sino cada vez que «los padres me dicen que lo he hecho muy bien a pesar de que el equipo de sus hijos haya perdido». Todos esos padres implicados en la tarea de erradicar la violencia en el fútbol contrastan, sin embargo, con aquéllos que presionan en exceso a sus hijos, que dificultan la labor de los entrenadores o que agreden a los árbitros o a otros padres, tal y como muestran los informativos prácticamente cada fin de semana. También los tiene identificados Julia, que como sus colegas de la  Tercera de Cataluña Ainara, Matilde e Ylenia, ha tenido que soportar todo tipo de comentarios machistas.
«Hay mucha gente que sabe comportarse y también hay borregos», asevera. El clásico ‘vete a fregar’ ha sido una de las frases recurrentes que ha escuchado de quienes trataban de minar su confianza, que por suerte no se han atrevido nunca a sobrepasar la barrera del insulto para llegar a la agresión. «¿Compensa tener que escuchar ciertas cosas? Yo no me agobio. Hago oídos sordos y continúo. Me gusta arbitrar y si me importara las cosas que me dicen, tendría que dejarlo. Y no quiero», explica justo antes de contar que su sueño es alcanzar la internacionalidad como árbitra en el futuro.
También le gustaría que el fútbol femenino tuviera más visibilidad. Ella, mientras, sigue jugando en ‘pachangas’ con amigos, aunque lo suyo ya sea el arbitraje, donde está sola en el fútbol segoviano esta temporada. «Enseguida me gustó arbitrar porque no me he retirado del fútbol, que es lo que quería», concluye Julia, que demuestra que es posible expulsar los prejuicios.