COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Por su propio peso

Desde la dirección del Partido Popular han explicado que su presidente Pablo Casado no respondió a las propuestas y argumentaciones del líder de Vox, Santiago Abascal, durante el debate televisado el pasado lunes, porque muchas de las afirmaciones que dijo porque “caen por su propio peso”.  Se trata de una forma expeditiva de echar balones fuera sin entrar en el fondo de los debates planteados por el líder ultraderechista, que no hacen solo relación a su posición sobre la inmigración irregular, su hipotética vinculación con la seguridad ciudadana, o más allá, con la eliminación del Estado de la autonomías.

Todas esas cuestiones, entre otras, merecerían un posicionamiento claro del Partido Popular, pero de la misma forma que Pedro Sánchez no contestó a ninguna de las preguntas que le fueron formuladas sobre política de alianzas tras las elecciones o sobre la plurinacionalidad del Estado, Pablo Casado tampoco va a incidir en esas declaraciones que ponen en cuestión pilares fundamentales de la vida política española, porque no le interesa ponerse a mal ni exacerbar las críticas con quien se proyecta como su socio prioritario, y gracias al cual  ya ha recuperado mucho poder territorial, pese a que muchas de las posiciones de Vox son abiertamente inconstitucionales. Desde las mismas fuentes, que apuntan a unos resultados en escaños por encima del centenar de asientos en el Congreso se considera que la subida de Vox, puede dar al centro derecha, sumando los votos del alicaído Ciudadanos, una representación superior a la del PSOE, pero sin llegar a la mayoría absoluta. Y sin llegar a la cifra de 176 escaños es  prácticamente seguro que no podrá gobernar por falta de pequeños aliados.   

En efecto, se da por hecho –algo sobre lo que no había ninguna duda dado los precedentes autonómicos- que el PP se apoyará en Vox para tratar de llegar a La Moncloa. La maniobra tiene sentido si se logra el objetivo, en una demostración de que todo vale y que en España los partidos de la derecha no establecen un cordón sanitario frente a la ultraderecha, como ocurre en otros países europeos, con el objetivo del lograr el poder a toda costa.

Sin embargo, se desatan las sospechas de que el líder del PSOE, Pedro Sánchez pactará con ERC, dado que puede necesitar sus votos o su abstención para seguir en La Moncloa, y en este caso no se le concede el beneficio de la duda de que no aceptará las propuestas de los independentistas, pese a que también “caen por su propio peso”, como la posibilidad de que se produzca un referéndum de autodeterminación, o cualquier otro tipo de movimiento que ponga en cuestión la unidad de España. Sánchez lo ha repetido por activa y por pasiva que cualquier tipo de diálogo para resolver el expediente catalán debe hacerse cumpliendo previamente las leyes.

Ahora bien, también cae por su propio peso que si Pedro Sánchez se ve obligado a buscar un cierto apoyo en los partidos independentistas que en palabra de Gabriel Rufián, nunca será gratis, alguna responsabilidad tendrán en ello quienes no faciliten un gobierno progresista –de permitirlo las urnas- que no necesite de esas ataduras, porque a la vista está que no solo a los independentistas catalanes beneficia el cuanto peor mejor, sino que también hay quien arrima el ascua a su sardina en un cierto ejercicio de deslealtad.