TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


La trampa

18/04/2020

En verano de 2007, Deutsche Bahn (la Renfe alemana) todavía vendía billetes para fumadores. ¿Cómo era eso posible en la Europa civilizada, cuando aquí habíamos aplicado con toda seriedad la ley antitabaco? Les explico por qué: en una estación intermedia, al vagón de fumadores de un Berlín-Praga subió un padre con su chiquillo. En ese preciso instante, las diez o doce personas que tenían un cigarrillo en la mano lo apagaron… y nadie encendió uno hasta que el chaval volvió a bajar del vagón. Con total naturalidad. Con total educación. Y que eso (naturalidad y educación) me fuesen llamativos significa que 'aquí' no podríamos aplicar medidas intermedias basadas en el sentido común del individuo al servicio de un bien general de la sociedad: o prohibimos radicalmente (¿Cuántos 'runners' aparecerían de la nada si permitiesen, como en otros lugares, salir a correr durante el confinamiento? ¿Cuántas veces? ¿Cuántos minutos? ¿Cuántos cigarros?) o no hay manera.

La anécdota ayuda a entender perfectamente el país en el que vivimos y la fauna social que lo habita. «¡Eh, a mí no me metas!», frente a «te guste o no formas parte de esto». Y asumiendo resignados que «somos así» te encuentras de nuevo a Ángel Torres (no diré si buen o mal presidente desde Getafe, pero sí que a pocos presidentes les gusta más hablar) diciendo: «¿Cómo justifican sus fichajes clubes que recurren a un ERTE) (…) Es un sinsentido que el fútbol se apoye en ayudas públicas». Y no le falta razón. Ninguna, pues el fútbol es una maquinaria tan bestia que anda quejándose de las «enormes pérdidas» que tendrá este año sabiendo que las recuperaría con un chasquido de dedos en dos o tres cursos. Pero en España somos expertos en colarnos por el hueco de la trampa cuando la auspicia algo legal. No haber traído al niño al vagón: eso decimos.