Segovia baraja marcar un solo sentido en aceras estrechas

David Aso
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La idea, aún en estudio, se adaptaría también a calles peatonales (la mitad para cada sentido) poniendo huellas sobre el suelo en vías del casco histórico para facilitar la distancia de seguridad recomendada de entre uno y dos metros entre viandantes

La calle Serafín es uno de los ejemplos que cita Movilidad para valorar la posibilidad de marcar un sentido para acera. - Foto: A. M.

Ya se cuentan por decenas los ayuntamientos del país que han hecho públicas diversas iniciativas para adaptar la movilidad en sus ciudades a la ‘nueva normalidad’ dando más espacio al peatón y también al ciclista; aunque está por verse hasta qué punto se plasman las tormentas de ideas de cada cual. En España y también fuera, con el ejemplo de París, que ha anunciado una inversión de 300 millones para fomentar el uso de la bici.

La búsqueda de soluciones de movilidad en el escenario postcovid se concibe como una oportunidad para redistribuir el espacio urbano más allá del eterno pulso entre coches, bicis y peatones. Ya no se trata sólo de cuidar el medioambiente o el patrimonio, sino de facilitar la distancia entre viandantes, además de promover alternativas al transporte público colectivo que no se limiten al vehículo privado. Barcelona ya activaba esta semana un primer paquete de medidas para reorientar sus estrategias urbanísticas y de movilidad dando más espacio a las bicis con 21 nuevos kilómetros de carril para ellas, y 30 kilómetros cuadrados extra de zonas peatonales. Pamplona, Valencia, Zaragoza o Vitoria, entre otras ciudades, también apuestan por carriles bici temporales, peatonalizaciones o ensanches de aceras. Más cerca, en Valladolid, aparte de ampliarse el espacio destinado a peatones y ciclistas, se apuesta por idear medidas que eleven la velocidad comercial del transporte público, pensando en que si el aforo del autobús se reduce, se pueden necesitar trayectos más rápidos para mejorar frecuencias de paso.

Cierto es que las grandes ciudades, con mayores presupuestos y entramados viarios más amplios, tienen más margen para idear medidas que favorezcan esa adaptación a la ‘nueva normalidad’, aunque una Ciudad Patrimonio como Cáceres, por ejemplo, aparte de planear la ampliación de las terrazas de los establecimientos hosteleros para paliar la pérdida de negocio por la distancia social entre mesas, baraja la peatonalización temporal de algunas calles o la supresión de carriles para el tráfico en avenidas que tengan al menos dos. 

En Segovia, sin quererlo, se habría avanzado en esta línea si ya se hubiera llevado a cabo la peatonalización del recinto amurallado que ya se dibujó en el Plan de Movilidad de 2008, pero que sigue sin pasar de la Plaza Mayor y calles aledañas, donde ya solo se permite el tráfico privado de residentes, carga y descarga, emergencias y otras excepciones que preservan la actividad económica intramuros. Sin embargo, en las circunstancias actuales, la anunciada ampliación del área de tráfico restringido seguirá siendo a corto plazo sólo eso, papel, aunque oficialmente siga en la hoja de ruta de un mandato que ya se teme que esté marcado por el coronavirus de principio a fin; y lo que ahora se pretende son soluciones rápidas.

¿Pero qué se está planteando entonces en Segovia? Según responde la concejala de Movilidad, Claudia de Santos, el Ayuntamiento también está en plena «lluvia de ideas». En su conversación con El Día, avanza que una de las medidas, «aún en estudio», sería fijar sentidos únicos para los peatones en aceras estrechas que impidan mantener la distancia interpersonal, circunstancia que afecta fundamentalmente al casco histórico; y en las calles peatonales sin aceras, repartir el espacio para uno y otro sentido. «De cara a la fase 1, se trataría de marcar con unas huellas el sentido ascendente y descendente, una solución sencilla de ejecutar, aunque la decisión no está tomada», insiste.

Lejos del metro y medio o dos que se viene aconsejando, «la calle Serafín es un ejemplo» de aceras estrechas donde la distancia entre peatones que se crucen por el mismo lado apenas alcanza el palmo. Aunque la medida podría afectar a muchas vías más, incluida la Calle Real, por más que a corto plazo no se prevean allí aglomeraciones en horas punta como las de otro tiempo nada lejano. 

Entretanto, mientras se decide poner o no huellas en el suelo, o incluso cortes eventuales de tráfico en algunas vías, el Ayuntamiento recomienda que cada peatón circule por su derecha; todo un clásico, una ley no escrita del civismo, que a la vista está que no todo el mundo se aplica.

Más zona de terrazas. El Ayuntamiento también estudia facilitar la ocupación de más vía pública por terrazas de establecimientos hosteleros para paliar la pérdida de mesas que conlleve en cada caso la ampliación de la distancia social entre los clientes, de ahí que se baraje ensanchar vías peatonales eliminando plazas de aparcamiento o reduciendo carriles de circulación, como Cáceres o Madrid. «Se han puesto muchas ideas sobre la mesa, pero no hay nada definido», insiste.

Tampoco se ha concretado nada de momento sobre próximas modificaciones en el transporte público de la ‘nueva normalidad’, aunque, como señala De Santos, todo es susceptible de cambio prácticamente de un día para otro. «Hasta este pasado fin de semana no supimos nada de las mascarillas para los autobuses (obligatorias desde el lunes)», cita como ejemplo.

En cuanto al fomento de la movilidad por otros medios de transporte alternativos, un asunto cuya competencia se reparte entre las concejalías de Movilidad y Seguridad, la ciudad sólo dispone de dos carriles bici que se pintaron hace diez y once años: el de Padre Claret, ya medio borrado y con mobiliario urbano entorpeciendo, y otro de apenas 300 metros en el parque del Cementerio. No obstante, De Santos considera que «la mayoría de la ciudad ya es ‘ciclable’ por las vías limitadas a 30 kilómetros por hora, o incluso a 20 por el recinto amurallado». «Por el casco urbano ya es fácil moverse en bici y en todo caso habría que perder el miedo», piensa. El problema de las cuestas es otra historia, claro.

La concejala de Seguridad, Raquel de Frutos, por su parte, cree que «la mayoría de las calles de la ciudad, por su propia estructura, ya impide ir a grandes velocidades, lo cual facilita por sí solo el uso de la bici».

Carriles de 30 km/h. Los carriles con velocidad a limitada a 30 km/h se reparten por Gerardo Diego, Constitución, carretera de San Rafael, calle de las Nieves y por último Vía Roma, que se pintó en 2017. A finales de 2018 se anunció que se extendería también a Vicente Aleixandre y «posiblemente» el tramo de Ezequiel González que va de la rotonda de Cándido a la Comisaría, pero aquello se quedó en el limbo del mandato pasado. Asimismo, a finales de 2019 también se avanzó que «en breve» se incorporaría un carril de la avenida Juan Carlos I y recientemente se retiraba de esa vía la señalización de 50 km/h, aunque no se ha pasado de ahí.

Entre medias, el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, anunciaba en diciembre de 2018 que el Gobierno extendería la limitación de 30 km/h a todas las calles del país que sólo tuvieran un carril por sentido. Lo dijo a la vez que informaba de la intención de implantar el límite de 90 km/h en todas las carreteras convencionales, pero hasta la fecha sólo se ha aplicado esta última medida. «Yo creo que ahora el Gobierno lo hará pronto, dadas las circunstancias, y nosotros automáticamente nos adaptaremos, por supuesto», opina De Frutos.

Ocurre parecido con el uso de los patinetes eléctricos, «prohibidos» en la ciudad, según el Ayuntamiento, a pesar de la ambigüedad de la ordenanza vigente, redactada antes de que existieran estos aparatos. No los ve seguros ni en la calzada ni en la acera, y también en este caso se está a la espera de que el Gobierno desarrolle una normativa nacional que se anunció a finales de 2018 y así va pasando el tiempo, aunque también sobre esta cuestión confía la concejala de Seguridad en que haya avances a corto plazo.

Por otro lado, la Policía Local cuenta con ir adaptándose a las circunstancias que vaya determinando el Gobierno con las distintas fases de desescalada para velar por su cumplimiento e informar a los ciudadanos. De controlar el confinamiento se ha pasado por ello en las últimas semanas a prestar especial atención sobre todo al respeto de la distancia social, e incluso le ha tocado apercibir o sancionar a ciudadanos por improvisar corrillos o ir en grupos; y más adelante pueden ser los agentes los que también se encarguen de ordenar el ‘tráfico’ de peatones en puntos que puedan ser susceptibles de aglomeraciones.

Mientras tanto, pendientes de medidas en estudio como la citada ordenación del sentido de la marcha de los viandantes en calles del casco histórico con aceras estrechas o inexistentes; o el ensanche de zonas peatonales para poder compensar la ampliación de la ocupación de vía pública por terrazas. Pero, en cualquier caso, sin olvidar el sentido común de cada cual como el valor más importante para prevenir los contagios.