UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


2020

30/12/2019

No es mal número este. Yo no entiendo mucho de estos asuntos y no sé con seguridad si es un número primo o si es capicúa; par sí que parece. Sea como sea, me gusta el número: duplica las cifras de manera rotunda, como si quisiera poner énfasis en su llegada, dándose importancia. Aquí estoy yo, dos veces veinte. Tal vez quiera anunciar algo bueno, quién sabe. De momento, lo que nos dice con toda contundencia es que ya han pasado veinte años del siglo XXI, desde aquel año 2000 que tanta expectativa generó, porque nos permitía vivir en directo nada menos que un cambio de siglo, algo que sólo nuestros más lejanos antepasados medievales habían tenido la oportunidad de experimentar justamente en el año 1000.

Así que va corriendo el milenio, con dos décadas transcurridas, y lo más curioso del asunto es que no tenemos nada claro, colectivamente hablando, si estamos marchando hacia adelante, si estamos parados, o si estamos retrocediendo. Porque depende de cómo se mire. Por ejemplo, no hay ninguna duda de que en lo tecnológico hemos avanzado, y mucho; si echamos la vista atrás podríamos enumerar una larga lista de cosas que nos resultaban desconocidas, o inaccesibles, hace tan sólo veinte años. Alguna duda más hay respecto de lo social y cultural: no sé si nuestro nivel de cohesión, de valores compartidos, de altura en la ética civil, está en balance positivo; no estoy nada seguro. Bastantes más dudas, creo yo, afectan a lo económico, si lo examinamos en clave general: la grave crisis padecida en ese tiempo ha dejado huellas tan profundas de precariedad, desigualdad e incertidumbre, que no podemos fiarnos de que el futuro más o menos inmediato no vuelva a jugarnos alguna mala pasada. Y muchas, muchas más, aquejan a lo político, que es como decir a lo común y al marco de convivencia; veníamos pensando con optimismo que con los consensos básicos de la transición habíamos espantado algunos de nuestros males históricos, o al menos los más dañinos, y llevamos ya un tiempo con heridas reabiertas, y ahí está el problema territorial para demostrarlo.

Y digo yo que para qué me he metido en este berenjenal, si lo único que quería es desearles feliz y próspero año nuevo, este 2020 que suena tan bien. Pues eso.