Adiós a una historia de leyenda

Nacho Sáez
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Rubén Cornejo posa en el pabellón Pedro Delgado. - Foto: Rosa Blanco

La desaparición del fútbol sala al más alto nivel en Segovia vista a través de los ojos de Rubén Cornejo. Aficionado y canterano de niño, se convirtió en uno de los mejores jugadores criados en la base del Caja. Observa con tristeza la actual deriva.

La infancia, ese patio en el que para algunos jugamos el resto de nuestra vida, se encuentra estos días sucio. Triste. Abandonado. Nadie lo riega. Rubén Cornejo (Segovia, 17 de noviembre de 1985) lo observa apesadumbrado, apoyado en una de esas barras que durante casi cuatro décadas fueron el asidero de centenares de gargantas orgullosas. Como un día lo estuvieron de Pedro Delgado. De Carlos Melero. De Antonio Prieto. De María Martín. De Paco Guerra. El patio infantil de numerosos segovianos es el pabellón Pedro Delgado y el fútbol sala, que elevaron el nombre de Segovia hasta lo más alto: campeones del mundo. También forma parte indispensable de la vida de Rubén, uno de los mejores jugadores que ha dado pero antes que nada un niño que soñaba y despertaba sobre esta cancha y que ahora ve como eso se pierde. 
Este domingo Segovia dejará de tener de manera oficial fútbol sala al más alto nivel. Las deudas acumuladas a lo largo de las últimas temporadas por el Segovia Futsal y la falta de interés generalizado (o de confianza. O de motivación) por salvar una de las páginas más brillantes de la historia del deporte de la ciudad han hecho imposible un nuevo proyecto ni siquiera en Segunda División, como en 2013 cuando desapareció el Caja Segovia y se entendió como un sacrilegio dejar que cerrara sin luchar La Catedral del Fútbol Sala. La de la Copa de España de 1998. La de la Copa de Europa de 2000. La de Elías. La de Daniel Ibañes, Luis Amado, Orol, Adeva, Óscar Jiménez, Serpa… La de las ‘azules’ del Unami. La de Estela. La de los equipos de Miguel Rodrigo, Jesús Velasco y David Madrid. La de Lin. La de Alvarito. La de Rubén también.
Miembro de una familia de Nueva Segovia, siempre tuvo el Pedro Delgado a tiro de piedra. No lo desaprovechó. Creció a medio camino entre la grada –desde donde fue testigo del despegue del Caja– y la cancha en la que enseguida comenzó a despuntar un chico tremendamente competitivo y muy superior a la mayoría de los de su edad. El debut con el primer equipo le llegó con apenas 15 años –en un partido en Ferrol– y desde entonces no hubo quien lo frenara. Va camino de su decimoquinta temporada en la élite y, a sus 33 años, tiene todavía contrato con el Betis hasta 2021.
«Todos los recuerdos son únicos, lo he vivido desde pequeño», destaca mientras mira al parqué desde las gradas del Perico, adonde regresa invitado por El Día con el objetivo de narrar el adiós de una historia de leyendaa través de los ojos de quien pasó de niño a hombre ayudando a escribir parte de esa epopeya. Ya ningún niño segoviano podrá soñar –como él hizo– con jugar en Primera División con el equipo de su ciudad. Aunque defiende que «aquí hay calidad, gusta mucho el fútbol sala y seguro que van a seguir saliendo jugadores», la ausencia de una meta próxima puede repercutir en la cantera segoviana de este deporte.
Para el propio Rubén se desvanece completamente la opción de volver, que estuvo cerca sobre todo en la época de Jesús Velasco como entrenador. También lo tanteó Álvaro Fernández en la etapa más reciente del Segovia Futsal, «pero en ese momento yo estaba muy bien en Italia», según indica. Su exilio se inició cuando su carrera no había hecho más que comenzar. Con 21 años hizo las maletas para fichar por el entonces MRA Navarra, pero asegura que nunca ha guardado rencor a nadie: «Todo el mundo se ha portado bien conmigo y tengo buenos recuerdos de todos».
El que ama el fútbol sala tiene que amar a Segovia. El ambiente en el Pedro Delgado, la cultura de este deporte que existe entre los aficionados, el elevado nivel formativo de clubes y entrenadores… Sobre todo en las últimas décadas ha sido una referencia y algunos de sus equipos de base siguen consiguiendo colarse entre los mejores de España. Para Rubén era todavía más especial cuando regresaba con el Playas de Castellón o el Fisiomedia Manacor por el hecho de jugar delante de los suyos. 
Las primeras veces sintió el clásico cosquilleo en el estómago, más tarde se acostumbró y no se perdió citas como la Supercopa y la Copa que acogió Segovia en tiempos más recientes, pero nunca ganó como visitante en el Pedro Delgado. «No, no, de verdad», subraya, aunque en una Copa de España en Granada ejerció de bestia negra del Caja. Tiempos mejores para el fútbol sala segoviano, que no ha vuelto a pisar la competición que tiene en propiedad gracias a sus tres títulos consecutivos en 1998, 1999 y 2000.
A pesar de esta circunstancia, para los jugadores no ha dejado de ser un destino atractivo. Lo recuerda Rubén, al que le cuesta comprender que nadie haya dado un paso para evitar la desaparición del Segovia Futsal: «Con lo que cuesta llegar hasta estas categorías… Es raro». Sin embargo, el proceso de disolución del club ha sido la crónica de una muerte anunciada.
El pasado curso comenzó a contraer deudas con su plantilla, el ambiente se enrareció con las primeras derrotas y la dimisión ‘en diferido’ de la junta directiva y el final ya se conoce. Nadie ha querido cargar con el lastre de al menos 50.000 euros con el que se habría iniciado una nueva aventura en Segunda. Se acabó.

Adiós a una historia de leyenda
Adiós a una historia de leyenda
Adiós a una historia de leyenda Diego Gomez Gomez
Adiós a una historia de leyenda - Foto: Diego Gomez Gomez