Victoria Lafora


Lección de coherencia

18/04/2020

El pleno del Ayuntamiento de Madrid, esta semana, se ha convertido en el paradigma de lo que hay que hacer en política cuando la sociedad sufre una crisis sin precedentes que causa miles de muertos y va a hundir la economía nacional por mucho tiempo.

La intervención de la portavoz de Más Madrid, Rita Maestre, fue impecable. Dio por hecho que dos partidos en las antípodas ideológicas, como su formación y el PP, tienen como objetivo el bien común en esta situación catastrófica. Por lo tanto, en la plena confianza de la gestión del alcalde, les ofrece su apoyo total en las medidas que planteen.

Martínez Almeida, que había seguido el comienzo de su intervención de soslayo y cubierto con una mascarilla que casi le cubría los ojos, se quedó estupefacto. Subió a la tribuna, recordó las diferencias que les separan y agradeció, casi emocionado, el apoyo sin condiciones.

Mientras, Pepu Hernández, portavoz del PSOE, veía como se le pasaba por delante la posibilidad de haber tendido una mano que sirviera de ejemplo a Casado ante su cita del lunes con Pedro Sánchez. La retahíla de descalificaciones, el recuerdo de la visita del alcalde al Cristo de Medinaceli, recordaban las soflamas del aparato del PP de Génova contra la manifestación feminista del ocho de marzo. Todo eso ya se ha dicho, ya se sabe, ahora toca mirar adelante; toca aportar soluciones para salir de esta.

Por cierto que, volviendo la vista atrás, tiene más mérito la templanza de Rita Maestre. Solo hay que recordar las gravísimas acusaciones que el propio Almeida le dedicó por su episodio estudiantil, cuando entró en la capilla de la facultad en sujetador para reclamar la laicidad de la universidad. Fue incluso juzgada por profanación y absuelta.

Tampoco es de extrañar que la portavoz de Mas Madrid se congratulara de que ese pleno del Ayuntamiento no se pareciera en nada a los del Congreso. Y, evidentemente, en un hemiciclo casi vacío, donde las descalificaciones y los insultos desde la tribuna resuenan con más fuerza, y donde los aplausos de cuatro diputados a su líder correspondiente, tienen más tufillo de obediencia debida que de convicción, no es un acto político a imitar.

De lo recorrido hasta ahora Vox y Bildu ya se han echado al monte, como era de esperar. Los independentistas catalanes han dado el "sí, pero no" de costumbre; recordando, otra vez, la prioridad del conflicto con el Estado que les aflige y su objetivo de autodeterminación, incluso por delante del quebranto económico.

Falta por saber qué pasará el lunes con el principal partido de la oposición, si conseguirá desligarse de la cuerda de Vox, si propondrá medidas concretas para remontar la crisis económica y dejará de lado, por ahora, un tributo a las víctimas que habrá de esperar al fin de la pandemia.

Pero quizá lo más importante es si Pedro Sánchez, se sentará, por fin, con algún papel en la mano, con un proyecto de recuperación del país, y no con vaguedades como hizo en su cita con Ciudadanos.