CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Casado y Arrimadas tienen que hablar

17/12/2019

El despropósito no es que Casado y Arrimadas se nieguen a investir presidente a Pedro Sánchez, sería ir contra sus principios y sus señas de identidad, no se puede facilitar un gobierno con populistas de izquierdas y mucho menos con independentistas que se mueven al margen de la ley y de la Constitución. El despropósito es que Casado y Arrimadas defiendan lo mismo pero parezca que se encuentran en las antípodas, así que habría que proponer a los dos es que se reúnan para explicar sus posiciones respecto a la investidura. Sobre todo tendría que sentarse Casado para escuchar a Arrimadas, porque el presidente del PP parece que no acaba de comprender lo que propone la dirigente de Ciudadanos.

Los dos han hecho declaraciones estos días, con un punto básico de coincidencia: jamás facilitarán que Sánchez gobierno con Podemos. Jamás. Arrimadas lo repite por activa y por pasiva, y traslada un mensaje muy simple: entre los tres partidos constitucionalistas suman 221 escaños, y podrían llegar a un pacto de investidura y legislatura e impedir así que Sánchez gobierne con Podemos. Firmando previamente los tres partidos unos compromisos, el primero de ellos que olvidara Sánchez cualquier tipo de pacto con Podemos o los independentistas.

Las reuniones de los dos políticos con Sánchez no ha servido de nada porque, lo reconocen los dos, el presidente en funciones les ha trasladado que piensa gobernar con Podemos y les pide la abstención alegando que así demostrarían sentido de Estado al impedir que tuviera que acudir al independentismo para ser investido. Hay que ser muy hipócrita para hablar de sentido de Estado, cuando Sánchez ha demostrado sobradamente que carece de él, como carece de palabra. Pero Casado tendría que reflexionar sobre la interpretación que hace de las propuestas de Arrimadas, que todo el mundo parece comprender perfectamente menos él. Como debe asumir también que Arrimadas no es Rivera, y no cabe por tanto reprocharle que no hiciera un gobierno de coalición con el PSOE tras las elecciones de abril. Arrimadas no tenía vela en aquel entierro, fue empeño personal de Rivera negarse a ese pacto que podría haber salvado España.

Se comprende que Casado no quiera cooperar para que Sánchez sea presidente de gobierno, pero no debe utilizar como argumento una falacia. El Cs de Arrimadas propone una salida que abortaría la coalición PSOE-Podemos. Casado, en vez de arremeter contra Arrimadas tendría que hacerlo contra Sánchez, incidiendo en que se niega a romper su pacto con Podemos, un pacto tan innoble como peligroso.

Lo dicho: deben sentarse Casado y Arrimadas para saber ambos qué defienden uno y otro. Porque, con la que se avecina, el único muro de contención a los disparates que nos acechan es que PP y Ciudadanos pongan pie en pared para bloquear algunas iniciativas peligrosas que, para salir adelante, necesitan una mayoría cualificada que Sánchez no tendría sin apoyo de los partidos de centro derecha.