El carpintero que en su juventud pudo fichar por el Valencia

Nacho Sáez
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Las Fiestas de la Cruz de Mayo del Cristo del Mercado han crecido en popularidad gracias a vecinos como Juan García Matamala, al que ahora toca despedir por culpa del coronavirus.

El carpintero que pudo fichar por el Valencia

Hasta que el 7 de abril empeoró su estado de salud, Juan García Matamala (Basardilla, 10 de enero de 1935) había seguido disfrutando de sus pasiones como si el tiempo no pasara por él. Continuaba visitando el taller de carpintería de sus hijos y estuvo en el Estadio Municipal de La Albuera presenciando el último partido que disputó la Gimnástica Segoviana antes de que se decretara el estado de alarma. Su nieto, Iván García ‘Ivi’, marcó un gol y él no pudo evitar levantarse del asiento para celebrarlo. Es una de las imágenes que estos días recuerda su familia de este hijo de un trabajador de la Renfe que, a pesar de que al casarse se marchó a vivir a San Millán, siempre tuvo en el Cristo del Mercado su casa.

Allí tenía su pequeño taller de carpintería, allí se encuentra el bar El Norte, que era como su segunda sede, y allí se convirtió en una pieza indispensable de las fiestas del barrio. Él se encargaba de elaborar la cruz del mayo. Una responsabilidad que desempeñó durante años, hasta que la cruz se empezó a realizar en metal. «Era muy del barrio», remarca su familia, que tampoco olvida su faceta como futbolista. Juan García Matamala jugó en la Gimnástica Segoviana, en la Arandina y llamó la atención del Valencia, que quiso incorporarlo a sus filas. «Debía de andar bien y el Valencia intentó ficharle, pero mi abuela no le dejó, así que se quedó en el Zorrilla, el equipo del barrio», cuenta su hijo José. Pero la afición al fútbol nunca la abandonó. Ahora acudía a todos los partidos que disputaban sus nietos. «Daba igual que tuviera que ver cuatro seguidos», explica el propio José. 

Al margen del balón, las reuniones con su familia en la finca que poseen en La Lastrilla constituía su mayor motivo de felicidad. Porque los suyos lo eran todo para él. En especial su mujer, Josefa Sanz Martín, con la que pudo celebrar las bodas de oro y algunos aniversarios más. El último, el 57, el 31 de marzo, apenas unos días antes de caer enfermo. «Mi madre era su bastión, su referente», concluye su hijo José.