COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Interpretar el horáculo

Las direcciones de los partidos políticos utilizan los resultados electorales como el oráculo que les sirve para desentrañar lo que quieren sus votantes, como si fueran un cuerpo homogéneo. Según el recuento, los ciudadanos quieren que gobierne el PSOE sin mayoría absoluta y que busque pactos para la investidura de Pedro Sánchez. Para Podemos, el escrutinio marca la posibilidad de un gobierno de coalición con los apoyos externos de los nacionalistas e independentistas vascos y catalanes, porque los números son los mismos que facilitaron la moción de censura. Pese a que sus escaños facilitarían estabilidad del Ejecutivo, Ciudadanos considera que no les han votado para que hagan de partido bisagra y den vía libre al inquilinato de Sánchez en La Moncloa. Pero no tiene inconveniente de pactar con el PP y de tapadillo con Vox, conformando la alianza de las tres derechas. El PP se siente cómodo como líder de la oposición a pesar de contar con el menor número de escaños de la historia y de que en la legislatura anterior se benefició de una abstención patriótica por parte del PSOE. Ahora considera que al ser alternativa de gobierno no puede facilitar la tarea a su adversario. Y Vox entiende que ha de hacer valer sus votos –sobre todo en las elecciones municipales y autonómicas- para conformar mayorías de gobierno con PP y C’s en las que reclama la parte alícuota de poder que le corresponde y, sino, rompe la baraja, como en Madrid, a la espera de ver hasta dónde sostiene su órdago. 

Cada uno por su lado afirman que su electorado no entendería que tomaran una decisión contraria al sentido de su voto conformado en la campaña electoral, que sería una traición a sus principios, como si su cuerpo electoral fuera monolítico y como si fueran incapaces de comprender que sus votos han propiciado un escenario tan endiablado en el que es preciso pactar para no ir a una repetición de elecciones que como ya ocurrió en la ocasión anterior, no arroje unos resultados muy distintos a los del 28-A, y se hayan perdido seis valiosos meses en luchas de poder. También en todos los casos, en el seno de los partidos hay sectores críticos con las posiciones de la dirección que entienden las necesidades del país de otra manera y que están dispuestos a realizar un sacrificio aunque no coincidan con los intereses partidistas de las direcciones, como se está comprobando en la crisis de Ciudadanos. Entre tanto utilizan la táctica de señalar las contradicciones que cada oponente tiene para sacar el máximo partido de ellas, acentuar sus crisis y hacerles responsables de una cosa y y la contraria según convenga.   

Las urnas dictaron que “o gobierna el PSOE o gobierna el PSOE” y que lo puede hacer con un gobierno Frankenstein o con Ciudadanos. La responsabilidad de lograrlo corresponde al PSOE, al que sus bases le gritaron la noche electoral  “con Rivera no”.  En efecto, llegan las horas de los sacrificios, de convencer a los suyos de que “pactar no es traicionar y hablar no es rendirse”, como ha dicho el líder de Ciudadanos en Castilla y León, Francisco Igea. Pero no debe bastar solo con permitir la investidura de Pedro Sánchez, sino que es preciso dotar al gobierno de estabilidad.  Alguien tendrá que saber interpretar bien el oráculo de los resultados electorales.