CRÓNICA PERSONAL

Pilar Cernuda

Periodista y escritora. Analista política


Investidura fallida... y un candidato preocupante

06/01/2020

Investidura fallida, como se esperaba, aunque lo más probable es que haya presidente de gobierno el próximo martes, cuando haya más votos afirmativos que negativos, sin necesidad de mayoría absoluta.

Tan seguros están los partidos del futuro gobierno de coalición de que habrá fumata blanca que desde Podemos han adelantado los nombres de sus cinco ministros. Ni siquiera hay respeto hacia el trámite parlamentario, aunque no ha sido lo más grave que se ha visto en el debate, con un candidato incapaz de defender la Constitución, al Rey y a la democracia ante los ataques de la portavoz de Bildu. Sí, la democracia, porque la portavoz incluso utilizó como argumento para defender sus posiciones independentistas que era necesario arrinconar la Constitución del 78 para que hubiera una democracia en España.

Todo lo que le respondió Pedro Sánchez fue que desde la UE se está muy pendiente del desarrollo autonómico. En cuanto a las amenazas de Bildu de no facilitar el gobierno si no se asume el compromiso de avanzar en el independentismo, chantaje que se suma al que ya había presentado ERC a través der Rufián, no hubo la obligada reacción contundente por parte de Sánchez, que sin embargo recibió aplausos de la bancada socialista ante su tímida . Entre ellas la sorprendente del ministro Marlaska, el ex juez que plantó cara con valentía a ETA, la formación de la que es originaria Bildu, como demostró la portavoz al mencionar constantemente a Otegi como el referente de su partido.

Nunca un candidato ha presentado una cara tan infame en un debate de investidura. Tuvo suerte Sánchez de que la portavoz socialista Adriana Lastra hizo una defensa a ultranza del socialismo democrático que provocó tanto alivio en los escaños de la izquierda que fue más aplaudida que el propio Sánchez. En cierto sentido “blanqueó” el discurso timorato de Sánchez, impropio de un presidente que presume de que va a formar el gran gobierno progresista. Progresismo no es lo que él defiende hoy, sino lo que defienden infinidad de españoles que le han votado porque defendía posiciones contrarias a las que hoy enarbola, y que se sienten escandalizados ante un presidente que se ha dejado chantajear, humillar, por partidos inconstitucionales. No son españoles de derecha y ultraderecha, como decía Sánchez para intentar salvar la cara: quieren, simplemente, lo que él quería –o decía que quería- hace solo un par de meses, antes de que el resultado electoral le obligara a aliarse con quien aseguraba que jamás se aliaría.

Sánchez, en su última intervención, la previa a la votación, arremetió con furia contra los que presionan a sus diputados para que le retiren el apoyo y no sea investido. No le parecen malas sin embargo las presiones que han recibido diputados de partidos regionales para que votaran a su favor, empezando por él mismo con el representante del Partido Regional Cántabro, al que amenazó con retirar el apoyo al gobierno de Revilla. Como tampoco le parece mal, por lo visto, que Coalición Canaria haya convocado una reunión para sancionar a Ana Oramas si se mantiene en su posición contraria a la investidura alegando convicciones políticas y personales. Para Sánchez, el buen o mal político, el buen o el mal demócrata, depende de si le apoya como presidente aunque eso signifique aceptar sus pactos, en algunos casos ignominiosos, con partidos que buscan el destrozo de España.

Un último apunte: esta periodista, que conoce bien el Psoe, tras escuchar lo que ha escuchado estos días, está convencida de que si la votación fuera secreta y con urna Sánchez no sería presidente de gobierno.