El quesero segoviano que enseña robótica

DS
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Jorge Triviño, con bata blanca, durante una reciente visita de autoridades a El Molinero.

Jorge Triviño compagina su labor en la quesería familiar El Molinero, en Espirdo, con las clases que imparte en diferentes institutos de robótica educativa.

Detrás del queso de rosca de El Molinero de Espirdo hay una historia de amor a la tierra, a la familia y la tradición quesera. Desde que esta empresa fuera fundada por el abuelo Máximo (Máximo Romano) con el fin de que sus hijos se embarcaran en el maravilloso mundo del queso, han pasado han pasado tres décadas y ahora la dirige un representante de la tercera generación de los Romano, a la sazón ingeniero de telecomunicaciones. Este detalle transciende, ya que no se había conocido hasta ahora quesos que como estos lleven implantados GPS para localizarles en caso de robo.

Jorge Triviño Romano lleva desde 2014 regentando la quesería que asumió después de que su tío, Eduardo Romano, se jubilara. Entonces compaginaba la actividad con la finalización de sus estudios de Ingeniería de Telecomunicaciones, mientras que desde el año pasado lo hace con la docencia en diferentes institutos como profesor de robótica educativa. Mantener la empresa familiar de una actividad creada, pensada y establecida en Segovia, con la permanencia en un ámbito rural que involucra a otros productores de la zona, son las bases de Quesos El Molinero.

La empresa ha recibido la visita del presidente de la Diputación, Francisco Vázquez, que se ha querido interesar por la evolución de la actividad, baluarte en la creación del queso de rosca de Castilla y León. En su recorrido por sus instalaciones, le acompañaron la alcaldesa de Espirdo, María Cuesta, y el diputado de Promoción Económica, Jaime Pérez. La fábrica está ubicada en Espirdo, ayudando así a fijar población en este ámbito. Lo mismo ocurre con la granja de la que se obtiene la leche, ubicada en la localidad de Escalona del Prado. Además, tiene externalizadas las labores de distribución y gestión.

El empresario reconoce que la innovación en un sector como el queso curado siempre “es complicada, ya que "estamos a la sombra de grandes denominaciones de origen como Queso Manchego o Idiazabal". "Pero este importante factor nunca nos ha hecho bajar los brazos y en el año 2016 iniciamos un novedoso e ilusionante proyecto de la mano de 'Queso de Rosca de Castilla y León', siendo seleccionados por el órgano regulador como la primera quesería de Segovia partícipe en la recuperación del tradicional queso de rosca", añade Triviño.

El nombre y forma se debe a que antiguamente se almacenaba de una forma inusual: los quesos eran atravesados con una vara o una soga gruesa formando ristras que eran colgadas del techo para mantenerlas alejadas de los animales. Todos los quesos que produce El Molinero están elaborados únicamente con leche de ovejas segovianas, que adquieren a productores locales de la zona. Además, está elaborados con leche cruda, conservando de esta manera todas las propiedades de la leche recién ordeñada. La fábrica dispone de cuatro variedades de quesos, todos ellos con diferentes maduraciones: semicurado (dos meses de curación y dos kilos de peso); etiqueta amarilla (tres meses de curación y un kilo de peso); curado (seis meses de curación y dos kilos de peso); y Queso de Rosca de Castilla y León (dos-tres meses de curación y 0,5 kilos de peso). 

Están adscritos a la marca Alimentos de Segovia. “Nos ayuda, asegura Triviño, "a promocionar nuestros productos a través de eventos, catas y apoyo económico. Concretamente las catas están siendo un escaparate muy bueno, ya que nos permiten llegar a un número elevado de personas en solo dos horas de exposición”. 

Actualmente la quesería se encuentra en una fase de transformación del 'hobby' de la familia en una forma de vida que les permita dedicarse de manera profesional a la elaboración de quesos artesanos. En la actividad trabajan dos personas. Sólo venden en la provincia de Segovia, siendo sus principales clientes restaurantes, mercados o tiendas turísticas. Como clientes más conocidos se encuentran los restaurantes José María, La Concepción, Casares o El Chorrillo de Palazuelos de Eresma.