TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Viejos

Cada uno tendrá sus gustos y listas, pero ningún amante del cine clásico negará que ¿Qué fue de Baby Jane? (1962) es una de las películas más brillantes y perturbadoras de la historia. Sin tirar de 'spoilers', por si algún despistado aún quiere asomarse a la joyita de Aldrich, lo que aquí nos ocupa es la dupla protagonista: Bette Davis y Joan Crawford. Ruedan la cinta cuando ya tenían 54 y 56 años y Hollywood se había olvidado de ellas, divas de los felices años 30 y 40, arrolladas por las modas y la juventud en los 50… como si el talento fuese un yogur con fecha de caducidad.

El mercado de verano reserva siempre un formidable hueco al 'viejo' de turno, tipo resabiado con los treinta bien entrados que aún tiene carácter y piernas para aguantarle una carrera (ahí te culeo, allá te clavo el codo y aquí el hombro) al chaval de moda. Por supuesto que existe el veterano que aguanta por recaudar, el que vive de un apellido ligado a un pasado donde tal vez tocó la gloria, y quiere asegurarse la jubilación dando el penúltimo 'atraco'; sin embargo, los treintañeros maltratados por el mercado -la moda de descubrir a la 'nueva perla' adolescente les está pasando factura- son en su mayoría tipos orgullosos dispuestos a levantar el cartel del "Sigo aquí".

Los recién ascendidos y candidatos al sufrimiento por la permanencia los buscan centrales, los aspirantes a Europa los quieren para barrer y analizar el centro del campo, e incluso los grandes les dan incuestionables titularidades mientras llevan cinco o seis temporadas buscándoles sustitutos que nunca llegan.

Puede que las grandes exhibiciones individuales no tengan edad, pero las grandes lecciones (aguantar o acelerar, congelar el juego si es preciso, desquiciar al rival, gobernar todo el partido e incluso marcar algún gol) rara vez están en las botas de los más jóvenes.