UNA COL

Aurelio Martín

Periodista


Reivindicar Segovia

El alcalde de Valladolid, Óscar Puente, se ha revelado como excesivamente centralista, lo que, incluso, ha puesto de manifiesto públicamente, en detrimento de las otras ocho provincias de Castilla y León,  a las que quiere despojar de cualquier protagonismo administrativo, para hacer crecer a la capital sede del Ejecutivo de la Comunidad, olvidando los graves problemas que se padecen en cuanto a despoblación por ausencia de actividad.   
Esta actitud es muy peligrosa desde el punto de vista político porque está haciendo saltar las costuras de una autonomía apenas hilvanada, donde León vuelve a  reivindicarse a través de su alcalde, José Antonio Díez, del PSOE, como su colega vallisoletano, abogando por una Comunidad autónoma propia y apelando una unidad de acción con Salamanca y Zamora, a lo que éstas no parecen muy dispuestas.
No hay que olvidar los intentos de Segovia como autonomía uniprovincial, para acercarse administrativamente a Madrid, en los inicios de los años ochenta del siglo pasado, defendido en su día por parte de la desaparecida UCD y los democristianos, con el rechazo de la izquierda, que terminó por enterrar el Tribunal Constitucional.  
Esa especie de virreinato que se arroga Puente ha podido tener ahora una incidencia directa en Segovia al haber mostrado intención de pedir que el servicio del Avant de las 6,23 horas no pare en la estación de ‘Guiomar’, argumentando que circula lleno y hace perder diez minutos a los vallisoletanos, lo que al final no ha salido adelante por las presiones ejercidas desde su propio partido, entre otros. Es decir, teniendo razón o no, lo que trata de llevar a cabo el consistorio de Valladolid era interferir en un tema que afecta a otra capital, sin ni siquiera preocuparle qué puede pensar ésta. A lo mejor si el tren tiene todas las plazas cubiertas y hay necesidades también en Segovia en ese horario, lo lógico es que se refuerce el servicio.  
Las instituciones segovianas, especialmente el Ayuntamiento, no debe permanecer en silencio ante este tipo de cuestiones, incluso debe llegar más lejos, reivindicar ante Renfe unos servicios adecuados que cubran las necesidades de los segovianos, en colaboración con los usuarios, además de trabajar porque se ordene la zona, ahora convertida en un erial, a dos kilómetros del centro urbano, y la llegada a la ciudad tenga un decoro, aunque también es conocido que hay un gran espacio de propiedad privada, pero habría que estar llamando constantemente a la puerta del ADIF dado el elevado número de usuarios, incluso con problemas por las escasas frecuencias y completándose las plazas con días de antelación.
Sin caer en la posición de un nuevo centralismo, las administraciones deben reivindicar Segovia de forma contundente y, sobre todo, conjunta.  Y si el Gobierno municipal de Valladolid tiene un problema que afecta a terceros, lo razonable es que cuente con ellos y, a lo mejor, con dos consistorios unidos se pueda ejercer más presión para tratar de resolverlo, pero nunca llevarlo a cabo de forma unilateral, caiga quien caiga.