Un político entre bambalinas

D.S.
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Miguel Ángel de Vicente se enfrenta al reto de ejercer un papel institucional, de primera fila, para el conjunto de los segovianos, después de trabajar en tareas menos vistosas y de partido

Miguel Ángel de Vicente, presidente de la Diputación de Segovia - Foto: ROSA BLANCO

S  hay alguien que conoce bien la provincia de Segovia, desde las cocinas, incluso alguno de los secretos mejores guardados –que conserva por si hay que utilizar–, y la técnica de elaborar el mayor número de listas electorales, pese a que haya que aplicar lo que se ha venido en llamar clientelismo político, es Miguel Ángel de Vicente, un profesional de la cosa pública hecho a sí mismo, un animal político, que se ha mantenido contra viento y marea porque, además, ha sido fiel a quien mandaba en el partido, que lo tenía siempre de segundo, quizá para los trabajos menos vistosos. De campañas, mercadotecnica, cartelería, mailling, interventores y escenarios hay que enseñarle poco.

Con 24 años de alcalde de Collado Hermoso, municipio que le vio nacer, hace 52 años, donde comenzó trabajando en una pequeña empresa constructora familiar, responsable de Asuntos Sociales y Deportes de la Diputación en los últimos 20 años, donde alcanzó la vicepresidencia –lo que le ha llevado a terminar como presidente accidental y a convocar el pleno de constitución, tras la marcha de su antecesor, Francisco Vázquez– es de carácter introvertido, puede que tímido, pero de quien considera adversario o contrario a sus intereses no se le escapa un detalle. De ahí que, a lo largo de su carrera haya dejado algunos ‘cadáveres’ en el camino.

Son célebres sus roces con compañeros de partido, algunos a los que no dirige la palabra, o al contrario, incluso con el portavoz de su grupo, José Luis Sanz Merino, con quien parece que se habían arreglado las formas, al menos en público. También tiene sus defensores, como el secretario autonómico y ahora vicepresidente de las Cortes de Castilla y León, Francisco Vázquez, quien le había señalado como sustituto. Lo que ocurre es que por el camino sucedieron muchas cosas en torno a Sanz Merino. Primero, que en el partido a nivel nacional no le ratificaron como candidato a la Alcaldía de Segovia, que recayó en Pablo Pérez, más próximo al presidente nacional, Pablo Casado; luego, se quedó a las puertas de conseguir un escaño en el Senado, y hubo quien le prometió la Presidencia que ahora tampoco le ha llegado. La suerte no le acompaña.

Pero puede que las circunstancias hayan favorecido a De Vicente porque le designaron jefe de campaña de Pablo Pérez, que consiguió aumentar en uno el número de concejales populares, frente a la catástrofe que se producía en las candidaturas populares de otras instituciones, hasta el punto de que al tercero del PP de Génova, Javier Maroto, haya habido que empadronarlo en Sotosalbos para poder nombrarlo senador por designación de la Comunidad autónoma. De Vicente fue leal a Pérez lo que le enfrentó al aparato local del PP, encabezado por la presidenta Paloma Sanz, que había sufrido las consecuencias del nombramiento de éste frente a Sanz Merino. Fue precisamente el portavoz quien anunció estar dispuesto a medirse en unas primarias con De Vicente, lo que habría fracturado en dos el partido en la provincia.

Así las cosas, con Vázquez apoyando ahora más a Sanz Merino y Sanz cómoda con el nombre de otro candidato, se desvanecía su futuro, o no... Llegó a tirar la toalla, al menos de cara a la galería, porque cuando surgió José María Bravo, que también ha intentado posicionarse para el cargo en ambientes madrileños, tras perder el escaño en las Cortes Regionales, reaccionó argumentando que se trataba de informaciones interesadas, incluso ajenas a su protagonista. Se le ha visto feliz durante la interinidad.

Tanto sobre Miguel Ángel de Vicente como de José Luis Sanz Merino ha venido planeando el caso de la hipoteca del Torreón de Lozoya por Caja Segovia, donde llegaron a declarar como investigados. La operación, para hacerse cargo de una deuda tributaria de una promoción inmobiliaria de la empresa Navicoas, en Asturias, fue aprobada por el consejo de administración, el 17 de julio de 2012, del que De Vicente era secretario. Con la intención de separarse del caso, De Vicente se encontraba entre un grupo de consejeros que denunció haber sido engañado y manipulado cuando se fraguó la operación. La argumentación se les volvió en contra en el momento en que el juez escuchó la cinta del consejo, que se grababa y conservaba hasta el siguiente, quién decidió incoporarles a la lista de investigados. Ahora, una vez cerrado el caso por lo penal, tras un acuerdo entre Bankia y la Fundación Caja Segovia, se enfrentan a una demanda civil por el que esta institución les reclama al conjunto de consejeros en torno a 2,5 millones de euros.

Precisamente por aquel episodio, De Vicente se granjeó la enemistad de los dirigentes de la entidad de ahorro, absueltos del caso de las prejubilaciones. El expresidente Atilano Soto, quien le conoció siendo profesor en la UNED –en el currículum del nuevo presidente de la Diputación figuran los grados en Derecho y en Ciencias Jurídicas – al saber que podría ser candidato a la institución provincial exclamó: «Primero tendrá que ir a la escuela», lo que intentó suavizar otro contertulio argumentando que «todo el mundo vale, con tal de que sea disciplinado».

A Miguel Ángel de Vicente le ha llegado el momento de desprenderse de su papel anterior de gregario de lujo y ser el protagonista de la gestión de una provincia que languidece, desde el lado institucional, noble, de servicio al conjunto de los ciudadanos, sin rencores preestablecidos. Y puede que a nivel del partido esté llamado para colaborar en la renovación, aunque resulte paradójico después de haber participado en las decisiones del aparato durante las últimas décadas. Ahí quizá esté la tarea más compleja, enfrentarse a los suyos. Todo con un ojo puesto en la decisión que pueda adoptar el Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León en el recurso de Izquierda Unida, por el que podría perder la mayoría, aunque los expertos juristas ven difícil que vaya a fallar de forma diferente que los órganos judiciales que ya se han pronunciado en contra de la coalición de izquierdas, que se ha quedado sin diputado provincial. Y sin perder de vista la evolución del pacto con Cs para que Alfonso Fernández Mañueco sea presidente de Castilla y León, porque la presidencia de la Diputación estaba destinada para el partido naranja, aun con sólo dos diputados.