COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Adiós bisagra, adiós

La líder in pectore de Ciudadanos ha lanzado ya cuál será su estrategia básica a partir del próximo mes de marzo cuando sea elegida casi con toda seguridad la nueva presidenta del partido: una alianza preelectoral con el Partido Popular para las elecciones autonómicas que se van a celebrar en Galicia, País Vasco y Cataluña, en los dos primeros casos porque toca, y en el tercero por el adelanto anunciado por el todavía presidente de la Generalitat, Quim Torra. No todo el partido creado por Albert Rivera está de acuerdo con esta decisión adoptada en pleno periodo precongresual y que lo condiciona definitivamente.

Por el momento nada se habla de que esa coalición pudiera extenderse a unas elecciones generales o a todo el territorio pero esa es la intención del presidente del PP,. Pablo Casado, inspirador del España Suma. Inés Arrimadas habla solo de coalición en las comunidades autónomas donde se trata de hacer frente al nacionalismo o al independentismo, siguiendo el ejemplo de Navarra Suma, aunque la situación en cada una de las comunidades con elecciones previstas es bien distinta por la diferente implantación de cada uno de los partidos en ellas. Las sinergias entre ambos partidos puede ser interesantes en Cataluña y el Pais Vasco, donde han registrado malos resultados en las últimas convocatorias electorales, mientras que el pacto despierta reticencias en Galicia donde Alberto Núñez Feijóo considera que el PP cubre todo el espacio del centro derecha y Ciudadanos ha obtenido muy magros resultados.

Las consecuencias del cambio de estrategia por parte de Ciudadanos son al menos dos: la primera, la corrección del bipartidismo imperfecto en que había entrado la vida política española con la aparición de los partidos que se llamaron de la nueva política y que han acabado en la órbita de los dos partidos nacionales y favorecen la consolidación de los dos bloques ideológicos con la contracción del espacio del centro derecha conservador, en la línea que pretende el PP de volver a constituirse en la casa común de ese espacio político, con una unidad de acción que nunca se había dado en el ámbito de la izquierda, tradicionalmente más fraccionada, y que ahora se experimenta con el gobierno de coalición, pero los ahora socios volverán a separarse cuando haya llamada a las urnas.

La segunda es la desaparición de un partido bisagra que pudiera pactar a derecha o izquierda para constituir mayorías. Aunque en algún momento se pensó que Ciudadanos podría realizar ese papel e incluso muchos de sus dirigentes consideraban que, en efecto, esa era su misión, tanto la decisión de Albert Rivera, después del que se denominó “pacto del abrazo” con Pedro Sánchez, que se transmutó en el apoyo a Mariano Rajoy. En el mes de abril el veto a cualquier pacto con el PSOE derivó en la repetición de la elecciones y en el estrepitoso fracaso de Ciudadanos y del volantazo a abrirse a esa posibilidad en noviembre y a ofrecerse a los socialistas cuando sus escaños eran ya irrelevantes a efectos del pacto. En un nuevo giro, Ciudadanos, inspirado ahora por Inés Arrimadas, vuelve a los pactos autonómicos con el PP y el apoyo de Vox y deja al PSOE en manos de la izquierda y los nacionalistas sino alcanza la mayoría absoluta, que es precisamente lo que se suponía que trataba de evitar.