TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


Las manos, el área y lo ‘natural’

A estas alturas de la película, como quien ha echado una cabezada y se ha perdido un hilo imprescindible para entenderla, cualquier aficionado mira un partido de fútbol con el gesto torcido... sobre todo si ha habido una mano en el área.  
Hace un tiempo lo teníamos todos muy claro: si era voluntaria, se pitaba; si era involuntaria, no. A alguien ahí arriba (donde se redactan las leyes) le pareció una definición muy vaga y demasiada responsabilidad en manos del árbitro de élite: pobrecito, ¿cómo va a juzgar él intencionalidades? Démosle un reglamento cojonudo, específico y fetén. Y ahí es donde se empezó a estropear todo. 
Porque alguien escribió «... si ocupa un espacio no natural». Y las anteriores involuntarias ya se dividían en dos, las que sucedían con los brazos pegados al cuerpo y las que sucedían con los brazos abiertos. Estas, ojo, empezaron a ser penaltis. Pero claro, la naturalidad también era interpretable, por ejemplo, en un salto. ¿Se puede brincar con los brazos en la espalda... cuando estás rodeado de compañeros y adversarios y necesitas equilibrio? No. Pero te la juegas... ¿Se puede tirar uno al suelo, intentando tapar un centro, con los brazos en la espalda sin darse un costalazo? No. Así que si la pelota te pega en el brazo que se apoya, ¿cómo proceder? Ojo a la redacción del reglamento: «No será penalti si el jugador cae y la mano o el brazo quedan entre el cuerpo y el punto de apoyo en el suelo, pero no alejadas del cuerpo hacia un lado o en vertical». ¡Toma ya! ¿Se pueden pitar penaltis desde el VAR que no ha visto ni reclamado nadie como el que dio el triunfo al Barça sobre la Real? Se puede, pero ya hemos entrado hasta el cuello en un terreno muy alejado, curiosamente, de la ‘naturalidad’ de un deporte.