Pioneras de la igualdad

Nacho Sáez
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Ocho segovianas que han roto techos de cristal relatan su lucha para acabar con la brecha salarial y la ausencia de mujeres en esferas de poder y lograr la equiparación con los hombres.

De izquierda a derecha, Concepción Gómez, Marta Laguna, Henar Puente, Clara Luquero, Inés Vallejo, María del Mar Martín, Irene Herranz e Inmaculada Cid. - Foto: Rosa Blanco

Un año después de las históricas movilizaciones del 8-M, la gerente del grupo de acción local Codinse, María del Mar Martín, recuerda que «desgraciadamente la igualdad real y efectiva todavía no existe». «El papel de la mujer es mucho más difícil, especialmente en el medio rural, donde la sociedad no deja de ser un poco más conservadora», subraya. Como ella, miles de segovianas han sido llamadas a secundar este viernes la huelga general o los paros convocados entre las 12:00 y las 14:00 y las 16:00 y las 18:00 horas. También están citadas a participar en la concentración de mujeres prevista para las doce del mediodía en la plaza de San Martín y en la manifestación mixta de las siete de la tarde desde la plaza José Zorrilla en este segundo 8-M.
Una oportunidad de gritar «basta ya», tal y como hace la alcaldesa de Segovia, Clara Luquero, una de las participantes –como María del Mar Martín– en el encuentro organizado por El Día de Segovia entre mujeres que han roto techos de cristal. Empresarias, maestras, investigadoras, sumilleres, policías locales y deportistas que han vivido en sus carnes la desigualdad por uno u otro motivo. Inés Vallejo es jugadora del Monteresma de fútbol, deporte que aún no cuenta con un convenio colectivo para las mujeres a pesar de que ya ha conseguido llenar estadios como San Mamés. Mientras, Henar Puente, pionera en el ámbito de los sumilleres, nunca se ha planteado tener hijos por la falta de políticas de conciliación, entre otras razones. Por su parte, Inmaculada Cid no se olvida de cómo cuando empezó en la docencia, allá por 1964, ellas eran siempre las elegidas para cubrir las plazas de maestros en las escuelas de los pueblos más perdidos de la geografía española. En su caso fue en un pequeño municipio de la provincia de Burgos, de donde a veces no regresaba hasta pasados tres meses. «Como todas éramos mujeres, pues nos reuníamos», relata.
La realidad ha cambiado, pero no tanto como sería deseable. Esta misma semana UGT y CCOO denunciaban que la brecha salarial se dispara en Segovia hasta el 23,7 por ciento, y reclamaban que el Ayuntamiento y la Junta de Castilla y León pongan en marcha sus planes de igualdad. Por su parte, la Asamblea 8-M hacía hincapié en que la tasa de desempleo en nuestra provincia es del ocho por ciento entre los hombres y del 18 por ciento entre las mujeres. «Debido a la dedicación familiar no podemos acceder en igualdad de condiciones al empleo y a la promoción profesional; una de cada cuatro mujeres trabaja a tiempo parcial con las nefastas consecuencias sobre salarios, prestaciones y pensiones; la precariedad laboral y el paro de larga duración tiene rostro de mujer; los sectores laborales feminizados (empleadas de hogar, cuidadoras, ‘kellys’...) están desvalorizados social y económicamente y tienen menos protección social...», enumeraban las convocantes del 8-M sobre una realidad que se extiende  a los ámbitos económico, político, religioso y militar.
Irene Herranz es la presidenta de la patronal provincial de las autoescuelas, la secretaria general de la Confederación Nacional de Autoescuelas y la única mujer con representación en el Comité Ejecutivo de la Federación Empresarial Segoviana. «Yo nunca me he sentido discriminada [en estos órganos representativos]», asegura. «Cuando una mujer llega a la presidencia de la agrupación de algún sector, todo el mundo se alegra por el punto de vista que aportamos las mujeres. Creo que somos más nosotras las que nos retraemos de ocupar este tipo de puestos». 
El lento avance hacia la corresponsabilidad en las tareas domésticas condiciona la presencia de las mujeres en las esferas de poder y su promoción profesional y salarial. «Es duro cumplir con un horario –y más en nuestro caso, que es de turnos, mañanas, tardes y noches–, ser esposa y sonreír. Es muy agotador», señala Concepción Gómez, recién jubilada con el honor de haber sido la primera policía local de la ciudad de Segovia. Una joven de 22 años patrullando en 1980  representaba una revolución, pero Gómez destaca que «siempre me acogieron muy bien tanto los mandos como los compañeros y también la ciudadanía». «La gente se paraba y me miraba. Era extraño, la novedad, y los conductores tenían sus costumbres en el trato con mis compañeros. Pero enseguida se adaptaron y ahora la gente me para y me felicita. Estoy orgullosa de todos estos años».
POLÍTICAS. Sí que le hubiera gustado haber contado con más ayudas para la conciliación «cuando fui madre».  Su jefa hasta hace sólo unas semanas, la alcaldesa Clara Luquero, se defiende y reivindica los programas puestos en marcha por el Ayuntamiento. «Está la guardería municipal y acabamos de poner en marcha el programa de acompañamiento social ‘Voy contigo’, que es claramente una medida de conciliación para las mujeres, que al final somos las que siempre nos hacemos cargo de nuestros mayores». En opinión de la alcaldesa, «se nos exige ser ‘superwoman’». «Para aspirar a un puesto de responsabilidad tenemos que demostrar que estamos dispuestas a dedicarle más tiempo, que estamos más capacitadas, y luego tenemos que llegar a casa y cuidar de nuestros hijos. Tiene que haber una corresponsabilidad. Ahí tenemos mucho que avanzar, a nivel educativo hay que trabajar mucho. El Ayuntamiento desarrolla en los centros educativos un programa de igualdad y de prevención de la violencia de género. Hay que trabajarlo desde la infancia porque hay que darse cuenta de que las actitudes machistas entre adolescentes están creciendo», añade durante un momento de este encuentro junto a otras siete mujeres segovianas.
La desigualdad también se continúa manifestando en lo que algunos estudios han bautizado como la ‘pirámide universitaria’. En la actualidad, las mujeres son mayoría en número de alumnas y aprobadas, pero su presencia disminuye progresivamente conforme el análisis avanza hacia el profesorado, las cátedras y los rectorados. «La universidad no es un hábitat hostil para nosotras. La igualdad de oportunidades es real, pero existen techos de cristal porque la tradición beneficia a los hombres a la hora de repartir los roles familiares», admite la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación de la Universidad de Valladolid en Segovia, Marta Laguna, quien pone el acento además en los planes de innovación docente puestos en marcha en el campus María Zambrano para contribuir a la construcción de una nueva masculinidad, tal y como reclaman los expertos en género.
En este sentido indica que «muchos de los estudiantes que participan en estas actividades son chicos». «Los hombres cada vez están más concienciados y las mujeres nos sentimos cada vez más acompañadas», asevera. Su visión es compartida por la joven futbolista Inés Vallejo, que aparte estudia el primer curso de Fisioterapia en la Universidad Complutense. «Estamos muy lejos de la igualdad y creo que se nos debería escuchar más y entendernos. Yo tengo mucha suerte con mis amigos porque me rodeo de gente que escucha a las mujeres. Cada vez hay más hombres que se suman a esta lucha como aliados y, además, son los que están abriendo los ojos a otros hombres, porque a las mujeres no se nos escucha tanto. No ayuda, sin embargo, que se siga viendo la masculinidad frágil –por ejemplo, llorar o abrazarse con los amigos– como algo malo», reflexiona.
Para la sumiller Henar Puente, «los hombres que tengo alrededor no se sienten amenazados». «He tenido y tengo grandes compañeros que nunca me han hecho de menos», abunda. Menos optimista es, en cambio, María del Mar Martín: «Hay una resistencia del patriarcado total y absoluta. Y en estos momentos más que nunca desgraciadamente, no hay más que ver los periódicos. No es sólo por la subida de determinados partidos políticos. Hay un proceso desde hace tiempo más sibilino y callado».
A la alcaldesa, Clara Luquero, la asusta el auge de Vox. «Hay cosas que me preocupan y otras que me dan miedo, y esta me da miedo. Me da miedo porque ha costado mucho crecer en derechos y libertades y forjar una sociedad que conviva de manera pacífica y ciertos extremismos que están reivindicando mentalidades xenófobas y contra la igualdad entre hombres y mujeres suponen un retroceso. No podemos permitirnos ningún retroceso», recalca, poco después de que la decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Jurídicas y de la Comunicación, Marta Laguna, hubiera puesto el foco, respecto a la violencia de género, en que «es incuestionable que se trata de una realidad que existe, a pesar de que durante muchos años no se haya visualizado, contado y medido».
JEFA DE ESTUDIOS. Mujeres como la maestra Inmaculada Cid encarnan, no obstante, los avances logrados en las últimas décadas. Antes de jubilarse le dio tiempo a formar parte, en el colegio en el que trabajaba, de un equipo directivo compuesto íntegramente por mujeres. Ella era la jefa de estudios. «El movimiento feminista me parece fabuloso y gracias a él estamos consiguiendo muchas cosas. Estábamos a años luz incluso en cuestión de analfabetismo. Había muchísimas más mujeres que hombres. Se las educaba para la casa y enseguida se las retiraba de la escuela para atender a los hijos, a los hermanos... Ser mujer ha sido siempre un hándicap, no cabe duda», concluye esta antigua profesora del colegio Domingo de Soto.
El 8-M demuestra que hay esperanza y algunas empresas parecen decididas a sumarse al cambio. Ontex ha decidido paralizar su producción durante una hora este viernes para sumarse a las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, además de invitar a todos sus trabajadores a participar en la lectura de un manifiesto y en un picnic al aire libre en el que se repartirán camisetas conmemorativas en defensa de una igualdad real. «La maternidad sigue siendo un obstáculo para el acceso y el mantenimiento del empleo; necesitamos un convenio internacional para acabar con la violencia y el acoso en el mundo del trabajo; la mayoría de los hogares monomanrentales está en riesgos de pobreza...», recitan las convocantes del 8-M. Y podrían seguir un rato más.