CRÓNICA POLÍTICA

Fermín Bocos

Periodista y escritor. Analista político


La situación en el PP

Hay cierta mar de fondo en el PP. Algunas de las últimas decisiones de Pablo Casado no parece que cuenten con el aprobado de todos los  dirigentes del partido. La designación de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del Grupo Parlamentario no fue recibida con entusiasmo por algunos de los barones autonómicos conocidos por su adscripción a una corriente de opinión, hoy en minoría, que muestran su desacuerdo con el arrinconamiento del legado de Mariano Rajoy. Extrañamiento que se traduce en la apuesta por un discurso más en la línea de lo que representó para el partido el también ex presidente José María Aznar. 
Se habló de ello en una cena de antiguos colaboradores de Rajoy celebrada el jueves en Madrid a la que, entre otros, asistió la ex vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría aspirante como se recordará a presidir el PP que fue derrotada por Pablo Casado merced al apoyo de  María Dolores de Cospedal. Según algunas fuentes, en la cena también estuvo Ana Pastor, ex presidenta del Congreso. 
En el PP no existe lo que podríamos llamar una corriente "rajoyista" y menos aún algo parecido a una fracción "sorayista". No se trata de eso. Pero hay dirigentes -entre otros Alberto Núñez Feijóo, presidente la Xunta de Galicia o el ex ministro Alfonso Alonso- que defienden   una línea política orientada hacia el centro. Ésa mirada hacia el centro se muestra refractaria a ampliar la colaboración con Vox en el proyecto de "España suma" que postula Casado. Núñez Feijóo ha llegado a decir que si se repiten las elecciones y el resultado arrojado por la urnas vuelve a dejar las cosas más o menos como están ahora, el PP debería considerar una posible abstención que permitiría salir adelante la investidura de Pedro Sánchez. Una abstención que ante el electorado popular se justificaría evocando la que ofreció el PSOE en ocasión de la investidura de Mariano Rajoy en 2016. 
Nada de esto parece que entre en estos momentos en los planes de Pablo Casado quien pese a la pérdida de 71 diputados y la mayoría en el  Senado creyó haber salvado los muebles -y la cabeza- porque el partido había conseguido poder autonómico y municipal merced a los pactos en Andalucía, Castilla y León, Murcia y Madrid. En ésa mirada hacia el centro de algunos de los dirigentes del PP parece que late la añoranza de la filosofía de la UCD. Un partido que desapareció pero dejando el recuerdo del importante servicio prestado a la convivencia entre los españoles.