El viaje al eclipse de 1905

Sergio Arribas
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Artigas captó el 31 de agosto de 1905 esta imagen de un día de mercado en Sepúlveda.

La observación de un eclipse de sol movilizó a la comunidad científica segoviana, que, en coche de caballos, viajó desde Segovia al Cerro del Otero, en Ayllón. Pelayo Artigas aprovechó la expedición para fotografiar los pueblos al paso de la ruta.

Era un apasionado del arte y el patrimonio, de la ciencia y de la incipiente fotografía, aunque también de las matemáticas, disciplina que Pelayo Artigas y Corominas (1875-1933) enseñaba en Segovia a los aspirantes al ingreso en la Academia de Artillería. A principios del siglo XX este doctor en Ciencias Físico-Matemáticas era uno de los miembros más activos en Segovia de la Sociedad Económica Segoviana de Amigos del País, entidad que reunía en la ciudad a un puñado de intelectuales de distintas ramas de la ciencia, germen de la futura Universidad Popular.

Fue Artigas y otro miembro destacado de aquella entidad, el escritor y catedrático segoviano Félix Gila (1862-1912), quienes organizaron aquel viaje con destino al Cerro del Otero, cerca de Ayllón, el punto de mejor observación del eclipse de sol que tendría lugar el 30 de agosto de 1905. Artigas, que por entonces contaba con 30 años, aprovechó aquel viaje, de varios días, en coche de caballos, por caminos de tierra, muchos no aptos para los escasos y ‘modernos’ automóviles, para retratar algunos de los pueblos de Segovia por los que transitó la expedición, caso de Riaza, Sepúlveda y Ayllón.

Las fotografías de aquel viaje científico forman parte de la colección, de 89 negativos en placas de vidrio, donadas por los herededos de Artigas a la Academia de Historia y Arte de San Quirce. Bajo el título ‘Una excursión a Ayllón en 1905’, el académico Diego Conte, encargado de digitalizar e investigar este legado, ofreció recientemente en el Aula de San Quirce una conferencia sobre aquella ‘aventura’, en la que mostró las fotografías, muchas inéditas, captadas por Artigas hace 114 años.

Partieron de Segovia el 28 de agosto de 1905, con cielo nuboso, que terminó en lluvia. Su primera parada fue en Arcones, para observar la Cueva Pepón y el río subterráneo que circula por la cavidad.

Comieron en Prádena y, sin dilación, por la necesidad de dar descanso a los caballos que tiraban del carruaje, emprendieron ruta a Riaza, donde llegaron a dormir. La mañana siguiente la pasaron en este pueblo del nordeste donde Artigas tiró algunas ‘placas’, recogiendo, por ejemplo, una magnífica fotografía de una calle empedrada de Riaza donde se observa un carro con bueyes. A Ayllón llegaron por la tarde y allí el matemático volvió a sacar su cámara, de pie, marca Delta, para tomar unas primeras fotografias de elementos patrimoniales del pueblo, como su Plaza Mayor, de tierra, donde se aprecia la iglesia de San Miguel y la fuente, inaugurada recientemente, en 1892, con motivo del IV aniversario del Descubrimiento de América. 

Camara ‘delta’. A diferencia de los pioneros de la fotografía del siglo XIX, que precisaban ir acompañados de carromatos para procesar in situ y de manera inmediata la imagen, Artigas trabajó con cierta comodidad, ya que podía captar la foto y guardar la placa, sin tener que mantenerla húmeda en todo momento; aunque tenía que tener todo el material preparado, al menos, el día anterior. La cámara Delta del matemático, de placas de vidrio, era una de las más modernas del mercado. «En la víspera del día que se iba a fotografiar, preferiblemente de noche, tenía que cargar las placas, que venían en cajas, en los chasis de la cámara», explica Conte. 

El 29 de agosto la expedición localiza el Cerro del Otero y realiza algunos ensayos previos para observar al día siguiente el eclipse, aunque «ya saben —aclara Conte— que, casi seguro, no van a poder verlo como les gustaría porque está nublado, como así fue».

Tras observar el eclipse, esa misma tarde viajaron a Sepúlveda, donde llegaron por la noche. A la mañana siguiente, comenta el académico, hicieron una visita al pueblo, acompañados por algunos de los vecinos más ilustres de la villa. Entre las ‘placas’ una imagen panorámica de Sepúlveda y otra que captó, desde un balcón y que muestra el bullicio de la Plaza Mayor de Sepúlveda, en un día de mercado. Conte, de raíces sepulvedanas, llama la atención sobre la calidad de la fotografía y de cómo en la imagen llegan a apreciarse los productos a la venta en los puestos y, por supuesto, la singular vestimenta de los vecinos a principios del pasado siglo XX, lo que constituye, según el académico, un documento muy valioso para posibles investigaciones etnográficas.

Aunque la idea era pasar después por Cantalejo y Turégano antes de volver a Segovia, la expedición cambia de planes, por razones desconocidas. Tomaron como destino Pedraza, aunque de esta villa «no hay fotografías, quizá a Artigas se le acabaron las placas», explica Conte. Sin dilación, tomaron después ruta a Segovia y «de noche y con alivio, con un gran cansancio» llegaron a la Plaza del Azoguejo. 

En el legado donado a San Quirce también hay placas de otros pueblos de la provincia por los que no pasa la expedición. No obstante, sí existen de Matabuena —que estaba en la ruta del viaje, aunque no hay constancia de que parasen— y de algunos parajes por identificar que Conte podrían estar en el valle del río Aguisejo.

Tras regresar de aquel viaje, Artigas publica una serie de articulos en el periódico liberal ‘El Defensor’ de Segovia narrando el viaje, donde incluye, explica Conte, diversas referencias a las fotografías que capta.

Aquel viaje cambió la vida de Artigas, pues conoció a la que después sería su esposa, Mercedes Ramirez, una de las hijas de José Ramirez Ramos, que llegaría a ser presidente de la Diputación. La familia era propietaria del Palacio de Don Álvaro de Luna en Ayllón. Artigas quedó vinculado por lazos familiares con Ayllón, a donde viajó en innumerables ocasiones. La villa fue protagonista de decenas de artículos en prensa nacional, en la revista ilustrada ‘Alrededor del Mundo’ y en el periódico ‘La Tierra de Segovia’, que dirigía Segundo Gila. Fueron estos trabajos los que motivaron que el ayuntamiento de la localidad le nombrase ‘cronista oficial’ de Ayllón. 

Algunas de las fotografías captadas en el viaje de 1905 fueron reproducidas en el libro-homenaje a Pelayo Artigas ‘Ayllón en la historia’, que editó San Quirce en 1992; si bien buena parte de ellas eran meras reproducciones de imágenes publicadas en periódicos, revistas y semanarios. Algunos negativos de aquellas imágenes han aparecido en la colección donada a San Quirce, junto con otros que eran inéditas; mientras que existen reproducciones de fotografías cuyas placas originales ya no existen o están en paradero desconocido.

Calle de Riaza
Calle de Riaza
Vista panorámica de Sepúlveda, en 1905.
Vista panorámica de Sepúlveda, en 1905.
Vista panorámica de Ayllón, captada hace 114 años.
Vista panorámica de Ayllón, captada hace 114 años.
Plaza Mayor de Ayllón, con la iglesia de San Miguel al fondo
Plaza Mayor de Ayllón, con la iglesia de San Miguel al fondo