UN MINUTO MIO

Jesús Quijano

Catedrático de Derecho Mercantil de la Universidad de Valladolid


Indecisión

Llama la atención en este escenario de proximidad electoral que el porcentaje de indecisión que ponen de manifiesto los sondeos que se han ido conociendo sea tan elevado. Ciertamente que no es idéntico en todos, pero, si tomamos una media objetiva, anda cercano al 40%, aunque también es posible que, si esta media era la que resultaba hace tres días, a día de hoy se haya reducido. Por si acaso, pongámosla en un 35%, de todos modos muy elevada y sin parangón con las que había en momentos similares en otros procesos electorales.

Una constatación inicial absolutamente cierta: cuando el mapa político español lo ocupaban principalmente dos partidos (la época del denostado o añorado bipartidismo, según para quien), la indecisión era menor; en general, cada uno sabía si iba a votar al PSOE o al PP; otra cosa es que lo dijera en las encuestas. Así que buena parte del aumento de la decisión está directamente relacionada con el aumento de opciones políticas en presencia y con expectativa de representación; en la medida en que son limítrofes entre sí, generan duda. Y está detectado el porcentaje de la duda: entre PSOE y Podemos; entre PP y Vox; entre PP y Ciudadanos, etc. Perfectamente lógico; la duda se irá aclarando progresivamente y también es probable que se mantenga hasta el final en un porcentaje significativo, lo que dará relatividad a las encuestas y aportará emoción al resultado. Todavía más: junto a los que manifiestan intención de votar, pero no tienen decidido a quien, también hay un buen grupo que dudan si votarán o no; de éstos hay dos variantes: los que, si deciden votar, tienen claro a quién y los que sólo decidirán a quien votar si previamente deciden votar. Y también hay quienes saben a quién van a votar, pero ante el encuestador manifiestan indecisión; porque muchos indecisos no tienen inconveniente en indicar entre quienes dudan, pero muchos otros sólo dicen que no lo tienen claro, o que dudan entre todos. Más emoción aún.

Está bien la emoción electoral; pero estaría mejor que se ayudara a resolver la indecisión con claridad y con sinceridad política. Y me temo que hay demasiada polvareda verbal y estratégica que no sé si ayuda demasiado.