COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Imprescindible mantener la unidad

Desde que apareció el contagio por el coronoavuirus procedente de Wuhan en España la actuación de las autoridades sanitarias y la dirección política de la misma ha alcanzado un alto grado de eficacia, y ha contribuido a evitar ataques de pánico y a que la ciudadanía en su conjunto adopte una actitud responsable y de respaldo a las medidas adoptadas. El riesgo es que según pasa el tiempo, sin que los contagios se acaben de controlar, puedan generarse actuaciones de rechazo, la adopción de medidas unilaterales, o las discrepancias entre instituciones que contribuyan a aumentar la inquietud de la población.  

La información que diariamente se transmite desde el Ministerio de Sanidad, sobre la evolución de los contagios y el comportamiento del virus contribuye a que la normalidad sea la tónica dominante en todos los ámbitos de la vida cotidiana, a lo que hay que añadir la necesaria responsabilidad de cada uno para evitar contagiar y ser contagiado.  

Sin embargo, comienzan a verse movimientos que en nada contribuyen a que ese clima de serenidad se mantenga en un momento en el que entran en juego la colisión de intereses de distinto tipo, desde los económicos a los culturales, de los deportivos a los religiosos, que conllevan  concentraciones multitudinarias. Luego porque incluso dentro del propio Gobierno, la guía publicada por el Ministerio de Trabajo sobre cómo se debe actuar en la empresas ante la posibilidad de contagio, ha resultado ser contraproducente, y porque la unidad política para hace frente a este problema puede romperse en cualquier momento.

El Ministerio de Sanidad está en permanente contacto con las comunidades autónomas –que tiene transferidas las competencias sanitarias- y realiza con solvencia su cometido de coordinación interterritorial, lo que ha evitado que se produzcan discrepancias de fondo sobre las medidas aplicables para acotar la extensión del virus. Una solvencia extensible a la capacidad del sistema sanitario que ha vuelto a demostrar su calidad para responder a la emergencia sanitaria que se ha producido, y que debe ser protegida por encima de otros factores.

La ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, de Unidas Podemos, por intentar enviar un mensaje de tranquilidad en áreas tan sensibles como la empresarial y la laboral, ha ocasionado una polémica que trasciende el ámbito sanitario con la reacción contraria de las patronales y sindicatos en un momento en el que comienzan a conocerse el impacto económico y en el empleo del coronavirus y los gobiernos trabajan en la adopción de decisiones que puedan minimizar su impacto. Un gesto innecesario y una nueva manifestación de descoordinación del Gobierno de coalición, porque la guía de Yolanda Díaz es una recopilación de medidas previstas en otras leyes.

La decisión del PP de abrir otro frente político al pedir la comparecencia de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, encargada de la coordinación del Gobierno para este asunto, abre una derivada que en este momento parece innecesaria. No porque haya asuntos que puedan sustraerse al control político, sino porque, hasta el momento, no se puede afirmar que haya falta de información por parte del Gobierno, y porque los consejeros de sanidad de las comunidades autónomas donde gobiernan están implicados en las decisiones que se adoptan.