VERDADES ARRIESGADAS

Víctor Arribas

Periodista


España post 28-A

Con 24 diputados de VOX en el Congreso, nadie ha hablado esta vez de que el fascismo ha llegado a las instituciones, como ocurrió tras las elecciones andaluzas. ¿Qué ha pasado?. Pues que en la noche electoral, el peligro de que esta nueva fuerza política hubiera condicionado un gobierno de coalición conservador como ocurrió en Andalucía, estaba conjurado, y las consignas apocalípticas (“Alarma extrema”, publicó en su portada un importante diario ¡en la jornada de reflexión!) daban paso a la euforia indisimulada por seguir en el poder, como habían clamado sindicatos y el grupo habitual de actores, músicos y escritores. No eran necesarios cordones de manifestantes rodeando parlamentos ni alertas antifascistas anunciadas en la misma noche del recuento de votos. Empezaba el post 28-A, y los análisis sesudos en las televisiones y la prensa dedicaban horas y páginas al hundimiento del PP sin acordarse del otro hundimiento, el de Podemos, que ha propiciado la unión del voto izquierdista en torno a los socialistas. No es extraño. En la fiesta internacional del trabajo celebrada esta semana, la extrema izquierda anarquista ha incendiado París, pero nadie en las pantallas o en los titulares le ha puesto las etiquetas que sí se le cuelgan al otro extremo ideológico europeo. El peligro real es la extrema derecha, no su antagonista. Y en España, el presidente excluye de su ronda de conversaciones previa a la formación de gobierno a un partido votado por casi tres millones de ciudadanos, y no hay voz independiente que lo denuncie. Pactará, eso por descontado, con quienes han obtenido en un solo territorio un porcentaje de votos por debajo del cuatro por ciento.

Los españoles hicieron que pasara, y ahora les tocará saborear lo votado, como se dice en las redes sociales. Según el borrador del plan de Estabilidad enviado por Sánchez a Bruselas, tendrán que pagar más en su declaración anual de IRPF o en las retenciones mensuales, pagarán más al llenar el depósito de su automóvil sobre todo si eligieron al comprarlo ese demonio del Averno que es el diésel, y pagarán más si son autónomos dependiendo de sus ingresos. Se verán sometidos a una presión criminalizadora si tienen un piso alquilado, cuyo precio no podrán decidir libremente por la intervención pública que se espera en el mercado. Los ganadores no aceptan las migajas de un gobierno de coalición, pero sí incorporarán al programa de gobierno las recetas prestigiosas de la extrema izquierda. Mientras tanto, del acuerdo más razonable entre las dos primeras fuerzas, el que buscarían en Alemania, nadie habla porque es una entelequia irrealizable.