El Vivero de Oficios pierde fuelle

Sergio Arribas
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Mercedes confecciona prendas con telares. Beatriz y Sara trabajan en la restauración de piezas de arte. Son ahora las dos únicas inquilinas del Vivero municipal de Oficios de la Fábrica de Borra, que mantiene la mitad de sus espacios vacíos.

La pieza, de apreciables dimensiones, ocupa el espacio central del coqueto espacio. Es una talla de una Virgen con un niño, que se presume del siglo XVIII. a la que veneran los 66 vecinos de Villafranca del Condado, una aldea perteneciente al municipio segoviano del Condado de Castilnovo. Las restauradoras Beatriz Rubio y Sara Martín acaban de trasladar la escultura a su taller y sede de su empresa, ‘ConservarArte’; uno de los seis locales del Vivero de Oficios SegoviaActiva, situado en la antigua Fábrica de Borra, en el Paseo de la Alameda del Parral.
Sara y Beatriz ocupan este local desde hace cuatro años, cuando, en un acto abierto a la prensa, recibieron las llaves de manos de la alcaldesa, Clara Luquero. Entonces, en noviembre 2014, otros dos adjudicatarios ocuparon también sus respectivos locales, preparados como talleres de oficios para artesanos. Fueron Mercedes Blanco, dedicada a la fabricación y confección de prendas con telares bajo lizo y el cantero de piedra Alejandro Duque.
Los tres accedían a la condición de inquilinos que ya ostentaba, desde el año anterior, Alba Martín, que había ocupado el primer local con un taller de artesanía de vidrio soplado manual. El ‘Vivero de San Lorenzo’ cuenta con seis locales y por entonces cuatro habían sido ocupados con actividades artesanales.
Las expectativas eran mayúsculas. La aspiración municipal pasaba no solo por lograr que se ocuparan, a corto plazo, los dos espacios que estaban vacíos. Luquero llegó a anunciar ante la prensa su propósito de impulsar la creación de un mercado estable de artesanía de vanguardia, sin descartar su posible ubicación en la propia Fábrica de Borra, a las puertas del Vivero de Oficios.
Nada más se supo de aquel proyecto. Nunca hubo más inquilinos en el  Vivero. Es más, se han reducido. La artesana vidriera abandonó el local a principios de año; mientras que el taller de cantería lleva meses cerrado, si bien se espera su próxima reapertura, una vez que su inquilino, Alejandro Duque, complete su recuperación de una operación quirúrgica, según confirman sus compañeros y desde la Concejalía de Desarrollo Económico. De esta manera, el ‘Vivero’ tan solo tiene hoy dos espacios abiertos; aunque podría considerarse que son tres, si se tiene en cuenta el propósito de la próxima reapertura del taller de cantería. Sería, bajo esta perspectiva, que la ocupación se sitúa, cinco años después de su estreno, en tan solo el 50% de su espacio disponible, que suma 204 metros cuadrados, divididos en seis locales, entre los 31 y 33 metros cuadrados cada uno.
Este discreto grado de ocupación evidencia que el proyecto no ha cuajado, al menos en sus expectativas iniciales. Sin embargo, la situación no disuade a la Concejalía de Empleo y Desarrollo Económico, que anuncia que «en unos meses» sacará una nueva convocatoria para la adjudicación de los locales, toda vez que sus actuales inquilinos han agotado el plazo máximo de alquiler de cuatro años —dos más dos prórrogas anuales—. «No hay una demanda excesiva [por acceder a los locales]. A raíz de la crisis, tanto estos espacios para artesanos como otros que ofrece el Ayuntamiento, como despachos profesionales para empresas, han experimentado una caída de la demanda. Hace 8 ó 9 años la película sería distinta», indican desde la Concejalía.


240 euros de alquiler. El ‘Vivero de Oficios’ partía del propósito municipal de facilitar la infraestructura y servicios adecuados para que pudieran despegar y consolidarse pequeñas empresas y artesanos. El precio de alquiler está, en el caso de los locales más grandes, los de 33 metros cuadrados, en 240 euros; una renta que incluye, además de la cesión del espacio  la energía eléctrica (hasta un máximo de 350 km/mes), agua, calefacción, sistema de alarma, mantenimiento y limpieza del área común; con independencia de otros servicios, como un asesoramiento en la gestión empresarial o la posibilidad de uso de aulas de la Escuela Taller Municipal, con la que el Vivero comparte edificio. Precisamente, el director de la Escuela Taller, José Manuel Morcillo, encargado, en no pocas ocasiones de mostrar los locales a inquilinos interesados, considera que «sí existe demanda, pero no todas las actividades encajan en estos espacios».
«Hay actividades, como cárnicas o de carpintería, que hemos tenido interesados, que necesitan una autorización del servicio de industria, otras plantean incorporar máquinas con una potencia eléctrica que aquí no podemos dar; tampoco se puede almacenar productos de fácil combustión, como pinturas relacionadas con la aerografía. Hay unas limitaciones y todas las actividades se tienen que acomodar a unas características especiales», argumenta Morcillo.
Explica que son espacios preparados para pequeñas actividades artesanas, aunque «no para una producción en serie», mientras que también se han desestimado peticiones para usar los espacios como almacenes o despachos puramente profesionales. «En un año pueden pasar media docena de interesados, aunque, por unas cosas o por otras, no terminan de cuajar», añade el director de la Escuela Taller.
Tanto las restauradoras, Sara y Beatriz, como Mercedes, la artesana textil, aspiran a que el Ayuntamiento les pueda renovar el contrato de alquiler; y coinciden en su diagnóstico sobre la principal razón por la que, a su juicio, no se ocupan los seis locales del Vivero. «Tienes que estar dado de alta como autónomo. Por lo que hemos hablado con personas que se han interesado por el Vivero, el gasto del seguro social unido al de alquiler del local supone una carga que echa para atrás», comentan las restauradoras. 

 

«Un mercadillo o una ruta turística sería algo estupendo»

Cuando cerró la empresa en la que trabajaba, en 1998, Mercedes Blanco optó por matricularse en la Escuela de Artes y Oficios de la Casa de los Picos. Obtuvo el Grado en tapices. Prueba de su destreza es el tapiz, de grandes dimensiones, que decora el local que ocupa en el Vivero de Oficios SegoviaActiva, desde 2014. El llamativo tapiz recrea un piano de cola, en dos perspectivas, un proyecto por el que fue galardonada. Mercedes lleva más de una década dedicada a la artesanía textil. Al principio trabajaba en su casa, lo que le suponía no pocos problemas de espacio. Por eso, cuando puedo acceder al local en el ‘Vivero de Oficios’, el traslado le supuso un desahogo. A la vista tiene tres telares «y dos más escondidos», aquellos que utilizada para los cursos de formación que da a adultos y especialmente a los niños, a los que permite que desarrollen toda su creatividad. Ahora trabaja en un telar que acaba de estrenar, elaborando una tela de doble tejido. Es experta en el telar bajo lizo, con el que fabrica bufandas, chales, gorros, visillos, telas o cojines. También es experta en el uso del telar de alto lizo, con el que se fabrican alfombras y tapices de gran tamaño. En el local fabrica todas las prendas, con tejidos 100% naturales, como seda o lana, que también expone en estanterías para su venta directa. La artesanía textil es para Mercedes una pasión. «No lo veo como un negocio. Podría montar el telar para hacer 20 ponchos iguales pero me aburriría. Solo lo monto para hacer dos piezas», dice la artesana, que une, en este sentido, exclusividad a la propia calidad de sus piezas que salen de sus telares. Como sus vecinas, las restauradoras Beatriz y Sara, la artesana manifiesta que está «contenta» en el Vivero de Oficios; señalando que si no se ocupan todos los locales es porque «aunque el alquiler es asequible, estar dado de alta en autónomos pesa bastante». Hasta la Fábrica de Borra «no es que venga mucha gente», dice Mercedes, que abre su taller y tienda también los fines de semana. «Sigo acudiendo a ferias de artesanía. Quizá un mercadillo en La Alameda o una ruta turística que incluyera la visita al Vivero sería estupendo», aunque «también entiendo que ahora, con solo dos abiertos, quedaría un poco feo».

 

«Cuando estuvimos cuatro artesanos, la afluencia fue mayor»

Sara Martín y Beatriz Rubia habían trabado buena amistad tras haber coincidido en proyectos de restauración para varias empresas. Un día apostaron por crear su propia empresa, ‘ConservarArte’ y decidieron solicitar un local del Vivero de Oficios para emplazar su taller. Les adjudicaron el local en noviembre de 2014. «Era un alquiler asequible [pagan 240 euros al mes] y la zona, junto a La Alameda, en la ribera del Eresma, era un atractivo más, es espectacular», explica Sara. ‘ConservarArte’ es una empresa que tiene como actividad principal la conservación y restauración de bienes culturales. En paralelo desarrollan una actividad formativa, para todo tipo de público; talleres para que las personas puedan aprender las técnicas básicas y luego restaurar y conservar sus piezas u objetos en el local de ‘ConservarArte’; aquellas piezas que «no tienen valor material o histórico, aunque sí sentimental para sus propietarios». Sara y Beatriz agotarán en breve los cuatro años de contrato, aunque esperan «poder quedarnos más tiempo, porque, la verdad, estamos muy a gusto». Su local tiene 33 metros cuadrados y está dotado de aseo y un pequeño armario que les sirve de almacén. De la discreta ocupación del Vivero, las restauradoras señalan que «por lo que sabemos hay demanda», aunque las condiciones que tienen los espacios han podido disuadir a posibles interesados. «Alguien quiso implantar una panadería ecológica, pero los hornos podían dar problemas. También puede haber limitaciones para instalar pilas amplias, para el trabajo del cuero o marroquinaria, o para ubicar hornos para ceramistas. Si estás empezando y no piensas hacer muchas inversión, quizá tira para atrás», opina Sara. Ambas consideran que sería ‘ideal’ que se ocuparan los seis locales porque «la unión de los artesanos nos enriquece a todos”, señalando que cuando el Vivero alcanzó su mayor ocupación —cuatro de seis locales— «la afluencia fue mayor». Para impulsar el Vivero, Sara y Beatriz sugieren rescatar el proyecto del mercadillo artesanal, «que podría ser una vez al mes en la Alameda» o que las rutas turísticas incluyan el paso por sus talleres, como ocurrió en su día con la ‘Ruta de los Molinos’.