COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


El PP, a enmendar errores

La campaña electoral del Partido Popular ha comenzado sin que se acabaran los ecos de todas las polémicas que han protagonizado el propio candidato a ocupar La Moncloa, Pablo Casado, y otros destacados fichajes del propio líder de la organización que bien por desconocimiento, bien porque no se han expresado con claridad, bien porque les ha traicionado el subconsciente o bien por el nerviosismo ante los malos pronósticos que les auguran los sondeos previos por los votos que pierde sobre todo por la derecha y que se irían a VOX.
Pablo Casado convirtió en una ‘fake news’ su explicación sobre la aplicación del acuerdo del Gobierno de Mariano Rajoy con los agentes sociales y económicos para que el SMI sea de 850 euros el próximo año, obviando que ya había subido a 900. Era un segundo tropiezo que iba dirigido a la línea de flotación de los trabajadores después de que su gurú económico, Daniel Lacalle, tampoco se explicar bien respecto al futuro de las pensiones y quizá a la necesidad de disminuirlas. No llegó a decir lo que se dijo que dijo, pero aquellos que se han acostumbrado a decir cosas que tienen “una gran parte de veracidad” sin llegar a ser ciertas no pueden pensar que van a ser tratados con generosidad por sus adversarios cuando han visto que pueden morder su pantorrilla. En cualquier caso recordaron que Daniel Lacalle es un neoliberal de libro en todos los sentidos que no oculta que con el PP se procederá a un “programa de eficiencia” para sostener el Estado de bienestar y a una rebaja de impuestos a las empresas. Por no hablar de las casi olvidadas ya mujeres inmigrantes embarazadas- 
Tampoco ha estado muy acertado el líder del PP cuando ha afirmado que no piensa dimitir aunque pierda sesenta escaños de los 134 con los que cuenta en la actualidad. Cualquier dirigente de cualquier partido se lo pensaría,  al menos, la misma noche electoral después de una debacle semejante, o comenzaría a preparar su sucesión. Eso hizo Rubalcaba cuando perdió 55 escaños y dimitió y dio paso al primer mandato de Pedro Sánchez.  Además esa no es una cuestión que pueda decidir en exclusiva el propio líder sino que tendrá que tener en cuenta las exigencias de los ‘barones’ que ven con preocupación la derechización del partido, y la limpia de políticos marcados por su cercanía a Mariano Rajoy, junto al hecho de que uno de los ejes que informan todo el programa electoral es la recentralización de competencias para fortalecer la Nación frente a las autonomías.
Una derechización que se entiende perfectamente a tenor de sus declaraciones, repetidas en el primer mitin de campaña dirigida a los votantes de Vox de que “Aquí está su PP”. Y alerta de la fragmentación del voto con una insistencia que va más allá de la llamada al voto útil. Se trata de una afirmación arriesgada por cuanto deja todo el espacio de centro para que se lo repartan entre el PSOE y Ciudadanos.
Además, Pablo Casado ha mantenido el crescendo de sus acusaciones a Pedro Sánchez hasta llega a acusarle de preferir “a quienes tienen las manos manchada de sangre que pintadas de blanco” que causó estupor entre algunos de sus destacados militantes, se han enredado con el asunto del aborto –Suárez Illana- y han propuesto que el concebido no nacido sea considerado un miembro más de la familia.
Los errores del PP y Casado en la precampaña han sido muchos. A partir de ahora hay menos tiempo para enmendarlos.