"Ha habido un exceso de política en la SGAE"

EFE
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El dramaturgo y guionista Antonio Ruiz Onetti se pone al frente de la Sociedad General de Autores con el fin de restablecer la confianza en la gestión y la transparencia

"Ha habido un exceso de política en la SGAE" - Foto: JuanJo MartÁ­n

En la SGAE ha habido «un exceso de política», considera el dramaturgo y guionista sevillano Antonio Ruiz Onetti, que acaba de llegar a la Presidencia de la entidad de gestión de derechos de autor, desde la que cree que hay que pedir disculpas por los muchos errores cometidos.
«Hay que ser humildes y reconocer que en algunos momentos nos hemos excedido en nuestras disputas políticas y en la manera en la que las hemos intentado resolver. Creo que tenemos que apaciguarnos todos», asevera el nuevo mandatario de la SGAE, que espera poder convocar elecciones a la Junta directiva de la entidad para el próximo mes de octubre.
Unas elecciones a las que todavía no sabe si presentará su candidatura: «Hay que ir partido a partido», indica Onetti, que llegó a la Presidencia de la entidad después de que el pasado 15 de abril la soprano Pilar Jurado no superara una moción de censura presentada por 22 de los 35 miembros de la Junta Directiva ante lo que consideraban una falta de transparencia «como jamás se ha visto».
Onett aterriza en una sociedad que aún está pendiente de una posible intervención de Cultura y de ser readmitida en la Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores, de la que fue expulsada temporalmente. Por eso, anunció que su trabajo se centraría en «restablecer la confianza en el correcto funcionamiento de sus órganos de gobierno, con absoluta profesionalidad en la gestión, transparencia y eficacia» y en «superar las consecuencias económicas provocadas por la pandemia con el máximo apoyo a los autores y el menor coste para la institución que ahora lidera.
Y nada más ser nombrado presidente, explica, envió sendas cartas a la Cisac y al Ministerio de Cultura para ponerse a su disposición. Con el director general de la Cisac tiene ya fijada una entrevista para hoy mismo y confía en que el Gobierno apruebe cuanto antes los nuevos estatutos de la entidad, ya que está convencido de que se solucionarán las pequeñas diferencias que han existido.
Desde Cultura y la Cisac «se nos ha pedido por activa y por pasiva que volvamos a ser una entidad de gestión absolutamente normalizada, acorde con la normativa europea y la Ley de Propiedad Intelectual y para eso hay que restablecer la relación» con ambas instituciones: «Estamos a favor de cumplir todos y cada uno de los requisitos que se nos han pedido, sin ningún tipo de fisura», insiste.
Aunque Onetti no quiere juzgar a ninguno de los presidentes anteriores, considera esencial que la presidencia de la entidad deje de ser ejecutiva y pase a ser institucional: «Hay que separar la política de la gestión». «Al haber una presidencia ejecutiva, la capacidad política de influir en la gestión era infinitamente mayor», sostiene. «No es un problema de las personas, sino del sistema, que hace que los autores puedan decidir ejecutivamente sobre la marcha de la sociedad», agrega.


Cambiar de camino

Onetti argumenta que lo que se ha estado haciendo hata ahora se ha demostrado que «que no funciona y por eso la propia directiva europea y la Ley de Propiedad Intelectual nos han obligado a cambiar los Estatutos para que nos homologuemos con todas las entidades de gestión del mundo en las que eso está absolutamente separado. Eso yo lo he asumido desde el minuto uno».
La gestión la tienen que llevar los profesionales y la SGAE tiene una plantilla de profesionales extraordinariamente buena,ahonda Onetti, que explica.
Respecto de los autores que anunciaron su abandono de la SGAE durante la etapa de Pilar Jurado, el nuevo presidente confía en devolverles la confianza en la entidad, aunque reconoce que muchos de ellos «lo han hecho muy dolidos» porque las circunstancias que han atravesado «han sido muy desgarradoras». Onetti sostiene al respecto que en la entidad de gestión «no se puede privilegiar a nadie. Todos los socios deben tener los mismos derechos y las mismas obligaciones».