COLABORACIÓN

Fernando Lussón

Periodista


Salir a ganar

El líder del partido que ha sido el más votado en las últimas elecciones generales no puede afirmar que sale a remontar, sino a consolidar su posición o a ampliar su ventaja. Reconocer que se está en plena remontada es asumir que se ha perdido el primer puesto y dar validez a las encuestas que coinciden en una tendencia, que el PSOE gana las elecciones y que desplazará al Partido Popular como el más votado. Y eso es lo que ha hecho el presidente del PP, Pablo Casado cuando el pasado domingo declaraba que su partido se encuentra “en plena remontada”.

Los sondeos no son nada halagüeños para el Partido Popular, algunos incluso son desastrosos dado que le dan una pérdida de escaños que será difícilmente soportable para el nuevo líder y que hará que muchos de los defenestrados, purgados o apartados que aún permanecen en el partido tengan la tentación de presentarle una enmienda a la totalidad, en el caso de que ante una abultada derrota no presente la dimisión en la misma noche electoral, aunque esta es una práctica que ha caído, al parecer, en desuso. 

Las casas de encuestas, el CIS la primera, escarmentadas por sus errores de otras ocasiones amplían las horquillas hasta hacer inútiles sus pronósticos para dejarlos reducidos a un solo escenario: como la suma de PP, Ciudadanos y Vox no da para repetir el pacto a la andaluza solo queda la posibilidad de que el PSOE y Unidas Podemos gobiernen con los independentistas catalanes. O el pacto entre PSOE y Ciudadanos, que también suman la mayoría absoluta en todas las encuestas  

Es evidente de que el PP se ha olvidado ya de uno de aquellos mantras que repetía cuando era el partido sin amigos y no tenía otra posibilidad que obtener mayorías absolutas para acceder al poder o mantenerlo, que gobernara el partido más votado, porque la izquierda, a pesar de la división de su voto, pacta cuando lo considera necesario. Pero desde que Casado accediera a la presidencia del PP mediante un pacto de perdedores sumando sus fuerzas a la de María Dolores de Cospedal y con el aumento de la pluralidad y la posibilidad de perder las elecciones parece que se ha olvidado de pedir una reforma de la ley electoral en sentido mayoritario.  

El Partido Popular no sale a ganar las elecciones sino a no perderlas de forma estrepitosa. Bajar de 100 escaños sería un fracaso sin paliativos, de la misma forma que si el PSOE se queda por debajo de los 120 escaños sería también un fiasco para Pedro Sánchez, que tiene en su mano resarcirse de dos derrotas consecutivas y de recuperar para su partido el entorno del en 30% de los votos en el que lo dejó Alfredo Pérez Rubalcaba en 2011 (28%), cuando aún no había cuatro partidos nacionales en liza.  

Pero si, como vaticinan algunas encuestas, los dos bloque, izquierdas –PSOE y UP-, y derecha –PP, C’s y Vox-  se encuentran en una situación de empate real a escasos escaños de conseguir ambos la mayoría absoluta sin llegar a alcanzarla, algún partido tendrá que olvidar sus líneas rojas, alguno sacrificarse para dejar fuera a los nacionalistas y todos hacer el máximo esfuerzo para garantizar la gobernabilidad con la suficiente estabilidad para que no se repitan las elecciones.