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Editorial

Un día para la concordia y la unidad de todos los españoles

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La conmemoración de la Fiesta Nacional se envolvió un año más de polémicas estériles en vez de aprovechar su celebración para reivindicar los valores, la historia y el patrimonio común por encima de todo aquello que nos separa. El tradicional desfile de las Fuerzas Armadas en Madrid, que este año volvió al paseo de la Castellana tras la interrupción del pasado 2020 por la pandemia, fue nuevamente escenario de un uso partidista que empaña un día en el que todos los españoles deberíamos mostrar el orgullo por nuestra nacionalidad. 

Con las habituales ausencias de los presidentes vasco y catalán, a las que esta vez se unieron el gallego y el castellano-manchego por problemas de agenda, el protagonismo del acto se lo llevó la sonora pitada del público al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a su llegada y a su salida con gritos de dimisión, traidor y otros insultos más gruesos. Esto, acompañado de fuertes aplausos al rey y al paso de la Legión, sirvió para una politización de la jornada e incluso para que algunos vislumbren un uso de los símbolos nacionales y hasta de sus instituciones por parte de ciertos sectores de la derecha y la extrema derecha, favorecido también por una izquierda que en ocasiones evita mostrar sin tapujos su orgullo y su pertenencia a España. 

La ley 18/1987, que declara el 12 de octubre como Día Nacional de España, marca como objetivo de esta festividad 'recordar solemnemente momentos de la historia colectiva que forman parte del patrimonio histórico, cultural y social común'. Y en una historia tan larga y fecunda como la española existen muchos acontecimientos que nos unen a todos y de los que debemos sentirnos orgullosos, más allá de nuestras ideas políticas o de quién se encuentre al frente del Gobierno en esos momentos. 

Es envidiable ver en otros países, por ejemplo Estados Unidos o Francia, cómo celebran sus días nacionales con la exaltación unánime de su bandera, de su himno, de su historia… algo de lo que deberíamos aprender los españoles. Es evidente que la rémora del franquismo y la utilización que hizo de los símbolos nacionales aún pesan en ciertos sectores, pero tras más de 40 años de democracia ya es momento de mirar hacia delante unidos como una sola nación, todo lo pluricultural que se quiera, para mostrar al mundo que la fuerza de España es la de sus ciudadanos. 

Y a esto no ayudan los abucheos de ayer al presidente del Gobierno. Más allá de si son merecidos los pitidos, no era el momento ni el lugar para mostrar diferencias políticas en un acto de exaltación nacional. Desde luego si el comportamiento de algunos ciudadanos no fue el correcto, los políticos deben mostrar con su ejemplo la actitud a seguir y algunos utilizan las redes sociales para radicalizar aún más a la sociedad y extraer conclusiones absurdas.