TIEMPO MUERTO

Diego Izco

Periodista especializado en información deportiva


En casa

Uno: de las mil definiciones que se nos han colgado de la chepa (a los periodistas) la más ajustada con el menor número de palabras posible es: «Intermediarios entre lo que sucede y la población».

Dos: «Intermediar» es una palabra de significado evidente, pero para poder aplicarla tiene que haber al menos dos partes. Si te pones a intermediar entre lo que sucede y «nadie», acabarás en habitaciones acolchadas con camisas de mangas extrañamente largas anudables a la espalda. Pero, ¿y si hay población… pero nada que contarle?

Tres: el periodista deportivo, objetivamente, siempre lo ha tenido más fácil (o difícil, según se mire). Lo que sucede alrededor de una pelota es evidente y objetivamente más trivial que aspectos relacionados con la educación, la sanidad, la ciencia, la tecnología… Pero entretiene, y el entretenimiento es salud mental para una población asfixiada por la rutina. Y digo que el periodista deportivo lo ha tenido más fácil porque ha dispuesto de una página o diez minutos o tres cámaras para hablar del «fuera de juego del partido de anteayer». Es decir: entretener engordando lo que sucede.

Y cuatro: Con esa habilidad intacta, o sea, la de intermediar entre la cosa del deporte y una población ávida de entretenimiento deportivo, el reportero otea el panorama y se asemeja a la estantería de los cárnicos del Mercadona o a ese inmenso hueco que deja la ausencia de papel higiénico en la pared. La nada. El coronavirus no solo se ha llevado la bandeja de panceta y el pack de 48 doble capa, sino el rodar del balón y las inmensas ganas de hablar y hablar de un puñetero fuera de juego. Y con ello, seguiremos exprimiéndonos la cabeza para entretenerles. Ustedes se quedan en casa y nosotros les contamos cosas, ¿trato hecho?